La continua moderación política de Izquierda Unida desde su fundación hasta hoy, no sólo está haciendo que esta fuerza sea cada día menos votada sino que sea menos respetada dentro de los límites de la Izquierda.
Un proyecto que nacía en 1992 con la intención de aglutinar a todas aquellas fuerzas situadas a la izquierda del PSOE se ha ido acotando hasta un punto en el que apenas existen dos o tres agrupaciones importantes amparando esas siglas.
Izquierda Unida ha dejado de ser una alternativa combativa al sistema para pasar es una pieza más en la maquinaria que lo mantiene vivo. Por no decir una de las piezas principales para garantizar el funcionamiento del mismo. Sin una tercera fuerza estatal dentro de juego electoral el sistema perdería legitimidad quedando dos partidos gobernantes enfrentados contra la oposición nacionalista, sea esta conservadora o progresista. (Lo de si una fuerza nacionalista puede ser considerada de izquierdas lo dejo para otro momento si me lo permitís)
Izquierda Unida mantiene a duras penas, y con la colaboración de muchos ciudadanos que discrepando ideológicamente con las bases teóricas y programáticas de la misma aportan su granito de arena para combatir el bipartidismo o para defender los ideales republicanos.
Si bien, aplicando una pequeña parte de lo que decía Carlos Marx, los obreros deben aprovechar todos los frentes de lucha posibles para defender sus intereses y organizar una posible revolución, Izquierda Unida, por no decir el PCE lo han olvidado.
La lucha fuera y dentro del sistema ya no es una herramienta utilizada. Comisiones obreras, sindicato “comunista” y por lo tanto herramienta principal de lucha, en la teoría, se ha plegado a los intereses del sistema. La legalización y el acomodamiento a los despachos calentitos y a los sueldos fijos en la administración han sido su particular opio.
Eliminada la lucha exterior al sistema en este aspecto, era de esperar que el Partido, ese partido combativo y radical, porque atacar los problemas de raíz es bueno, no ha hecho nada para impedirlo y se ha acomodado en los escasos sillones que le han otorgado jugando dentro del sistema, con las reglas que otros han puesto y adoptando programas externos a los ideales de su militancia.
Si bien es cierto que se debe reconocer el papel, en mi opinión principal, del PCE durante la Segunda Restauración Borbónica, han pasado muchos años de aquello, ya no tenemos que tragar, apandar y asumir las responsabilidades que en su momento la militancia, o la dirección, creyeron asumibles para estabilizar un sistema parlamentario en el estado español evitando un golpe de estado o una guerra civil y avanzando en derechos y libertades.
Podría decir como bien expone Juan Antonio González Molina en uno de sus artículos que: “La hoz y el Martillo desaparecieron cuando se creo el inocuo logo del partido, ‘La Internacional’ ya no suena en sus actos públicos, y lo que es más importante, en su programa político ya no figura como objetivo principal la destrucción del Sistema Capitalista.”
Si bien hubo un tiempo en el que los comunistas debían moderar sus posiciones en busca de un bien común, ese tiempo ha pasado.
Los derechos civiles van en claro retroceso, (cargas policiales, desalojos de centros sociales, ilegalización de partidos…) el llamado estado de bienestar se encuentra privatizado o en vías de serlo. El parlamento ya no legisla, se ha convertido en un teatro burgués donde unos señores con escasa preparación y menos sentido de lealtad a la población a la que representan se dedican a escenificar una obra que a algunos ya no nos engaña.
¿O no es cierto que el PP y el PSOE se muestran como dos grupos calurosamente enfrentados cuando votan la mayoría de las reformas o propuestas juntos?
La libertad de información se reduce o es totalmente eliminada por los intereses de unos pocos. Es muy fácil criticar a otros países por falta de libertad en los medios de comunicación pero, cómo es posible que en un estado como es el español seis televisiones libres e independientes saquen las mismas putas noticias a la hora del telediario, es que ni por casualidad.
Izquierda Unida, debe retornar a viejas formas de lucha. Aquellas formas que lograron victorias históricas frente a represiones violentas, a sangre y cañonazos. Siendo perseguidos, asesinados. Manteniéndose en la ilegalidad… victorias que hoy, en tiempos de “democracia” y libertad se están perdiendo a pasos agigantados.
Es necesaria una reforma estructural tanto del Partido como del Sindicato. Debemos abrir los frentes, atacar por los flancos. Respetar las reglas de su juego allí donde podamos sacar beneficio y romperlas siempre que no creamos legitimados.
Si bien no pretendo alabar la organización anarquista, si su sistema sindical, combativo hasta la muerte, incorruptible y sincero. Que no depende del estado para sobrevivir y compuesto por sindicalistas que no sacan ningún beneficio económico de ello, gente que está ahí porque quiere ayudar. Un sindicalismo que no se rinde y que defiende los trabajadores hasta las últimas consecuencias.
Me remito a una argumentación que aquellos que me conocen reconocerán, la diferencia entre estrategia y táctica. Teniendo por meta la sustitución del sistema capitalista, Izquierda Unida debe y tiene la obligación moral de planificar una estrategia realista para lograrlo.
Para mí, la estrategia es clara, combatir en todos aquellos lugares donde sea posible, dentro y fuera.
Aprovechar cada trampa del sistema, cada ley, cada agujero no legislado para hacer oposición. La lucha dentro del parlamento y de las instituciones tiene cosas buenas, como por ejemplo la financiación, la capacidad de obtener espacio en los medios de comunicación, la posibilidad de moderar o controlar las acciones de gobierno desde el parlamento y la posibilidad de efectuar cambios reales en el sistema en aquellos lugares donde se alcance la mayoría. Pero también tiene cosas malas. Respetar las reglas del juego, aunque sean injustas y legitimar el sistema.
Combatir fuera tiene como ventajas no legitimar el sistema, no tener que respetar a raja tabla las reglas de juego, como por ejemplo las restricciones legales a los tipos de huelga, al derecho de manifestación o de reunión que los sindicatos estatales tiene que respetar.
Aquellos que están fuera o aquellos que están dentro no logran ejercer presión con suficiente fuerza. Es necesario combinar ambos tipos de oposición si queremos conseguir algo.
La situación que exige un cambio en los principios teóricos pero sobre todo en las prácticas políticas de la Izquierda. Es necesario un Programa de mínimos que todos estemos dispuestos a apoyar para que pueda existir unidad en la acción. La clase obrera debe tomar conciencia de su existencia y para ello, sus vanguardias deben tomar conciencia de su situación real de total inoperancia y fraccionamiento. No son necesarias nuevas siglas, ni nuevas plataformas bajo las que unificarse. Tampoco es necesario una unidad organizativa de la Izquierda. Simplemente aclarar quien es el enemigo y combatirlo unidos.
Es tiempo de generar profundos debates que afecten a cada organización, a cada partido, a cada colectivo, a cada militante que se considere de izquierdas. No es posible que cuando el capitalismo se muestra más débil, cuando la corrupción política y la falta de valores democráticos se hace más visible sea la derecha conservadora y fascista la que salga reforzada.
¿Dónde está la Izquierda? No lo sé, quizá debatiendo sobre si son marxistas leninistas revolucionarios o marxistas leninistas super-revolucionarios. Pero les diré donde no está. En las calles, en las fábricas, en los barrios, en los institutos en las universidades…
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