Perdim-me entre as brêtemas do coraçom e as árvores da razom...

República


CONCIENCIA REPUBLICANA

No me cabe la menor duda de que en el estado español sobrevive un ideal necesario, el republicanismo. Este a sobrevivido a pesar de la “dejadez intelectual” (por citar a Julio Anguita) de la sociedad actual, los continuos ataques del poder gubernamental y de los medios de comunicación ligados a este. Pero como cabía esperar, lo que no pudieron acallar los fusiles no lo conseguirán con leyes injustas y brutalidad policial.

Y esto es posible porque al igual que un su momento las bases republicanas coinciden con las demandas de los diferentes grupos que constituyen la sociedad española. Además la desilusión provocada por la II Restauración borbónica (Lo que en España se llama Transición a la democracia) nos concede una situación infinitas veces más cómoda que la que vivieron nuestros hermanos y compañeros en los años veinte antes del pacto de San Sebastián.

El contexto histórico a favor y las condiciones de la monarquía parlamentaria actual, innegable sucesora del régimen franquista, aunque refrendada su legalidad, -que no legitimidad- en referéndum por el pueblo español, en un momento concreto como única alternativa viable de superación de un régimen dictatorial de casi cuarenta años, constituye hoy, un anacronismo histórico, tanto desde el punto de vista teleológico como historiográfico, a pesar de que sus supuestas bondades pretendan dotarla de un envoltorio de presunta necesidad, del que se ha alimentado desde su advenimiento y que fue su única razón de nacimiento.

La sociedad española, en su diversidad nacional, ha alcanzado su mayoría de edad y nadie puede negar que los ideales democráticos se encuentran fuertemente consolidados. Por ello, se cuestiona la oportunidad de una segunda transición, entendida como culminación de una tarea inacabada, a realizar con el reposo y la tranquilidad que supone saber que ya no existe ruido de sables, a pesar de que ciertos elementos intenten artificialmente hacerlos sonar, sin saber que su esfuerzo resulta a todas luces ridículo.

Ya que no se hizo en la transición a la democracia, ahora debemos culminar el proceso y para ello debemos, en primer lugar, recordar y estudiar lo que ocurrió, con objetiva serenidad, pero sin esconder esa pretendida objetividad en teorías justificativas de la “proporcionalidad” que equiparan e igualan atrocidades, amparadas por el mal superior que constituye una guerra civil, o peor aún, en aviesas tergiversaciones (mal)intencionadas de la realidad, que sin duda beben de fuentes revisionistas neofranquistas de la historia cuyas motivaciones resultan patentes para cualquier historiador serio e imparcial.

Así, todas las iniciativas, legislativas y judiciales incluidas, encaminadas a recuperar la memoria histórica, lejos de reabrir heridas, deberán cerrarlas definitivamente, mediante un ejercicio de justicia, inaplazable aunque tardía, con los represaliados por el franquismo, defensores de la legalidad y la Constitución , de España y la República. No son concebibles argumentos que promuevan tácita o expresamente leyes de punto final, como hasta ahora se han postulado. Las víctimas deben ser honradas y sus verdugos perseguidos, como ocurrió en los países civilizados de nuestro entorno, acabando con vergonzosos espectáculos surrealistas grabados en los rótulos de las calles y las placas de las estatuas, en nuestros pueblos y ciudades, que sin duda causarían estupefacción y resultarían imposibles en otras naciones.¿Es imaginable un monumento a Benito Mussolini junto a la reproducción del David de Miguel Angel de la piazza della Signoria de Florencia?

Sin embargo, y pesar de que es necesario recordar el pasado para construir un futuro no debemos quedarnos con el bello recuerdo de lo que pudo llegar a ser la II República, debemos ir más allá. Debemos trabajar profundamente por la III República. Debemos redactar, instruir y promulgar a los cuatro vientos los ideales republicanos. Organizarnos y golpear al estado y a la monarquía.

De este modo, creo que es casi obligatorio para todas las asociaciones, partidos y ciudadanos republicanos multiplicar los actos y transmitir con firmeza los ideales de la tricolor, la libertad, la igualdad y la fraternidad, para así construir las nuevas bases de una sociedad más equitativa, próspera y libre, donde la democracia y la convivencia pacífica de los ciudadanos sean una realidad y no un espejismo impuesto por las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado.

El republicanismo no debe de ser excluyente, ni dogmático, sino integrador de culturas y naciones, de carácter educacional y científico. Sólo me queda dejar claro que la República es la mejor forma de estado que puede adaptarse al sistema de gobierno liberal actual.

¡Salud y República ciudadanos!

2 comentarios:

Marco dijo...

"El republicanismo no debe de ser excluyente, ni dogmático, sino integrador de culturas y naciones, de carácter educacional y científico..." Debemos desterrar esa falsa idea de que los republicanos quemamos iglesias por el echo de quemarlas, tenemos que explicar que en el lugar de las iglesias nosotros construiremos colegios y bibliotecas.

Anónimo dijo...

Siempre tricolor, aunque prefiero la rojinegra xD