Perdim-me entre as brêtemas do coraçom e as árvores da razom...

Breve lección de Historia ( II )

LAS DESAMORTIZACIONES A LO LARGO DE LA HISTORIA

Contexto histórico: Nacimiento de la ilustración.

Tras el descubrimiento de América y la instauración de una política imperialista en el reino de Castilla, el sistema monárquico tradicional fue variando hacia el absolutismo centralista característico de los Borbones, es decir, destruyendo los poderes tradicionales de las Cortes españolas y sustituyendo la hegemonía nobiliaria por la del monarca de origen extranjero. España era un imperio en el que no se ocultaba el sol, las grandes reservas de oro, plata, nuevos cultivos… de materias primas venían desde las nuevas colonias a la península para ser utilizadas por el imperio en Europa. “España era rica y poderosa”.

Pero, todo este renacimiento imperial pasaba factura, el oro era malgastado por los estamentos privilegiados, y la escasa burguesía peninsular apenas lograba obtener poder económico ni reconocimiento social.

La población sufría… Los españoles eran enviados en levas a exterminar las poblaciones indígenas en América o a combatir al resto de potencias europeas que se oponían al imperio español (Francia, Austria, Inglaterra…) Los hombres que se quedaban, trabajaban “la fecunda tierra española”, obteniendo una producción insuficiente que apenas llegaba para pagar los impuestos reales, nobiliarios y eclesiásticos; impuestos que permitían a los estamentos privilegiados no trabajar, porque el trabajo manual era una actividad impropia, degradante y contraria a la naturaleza del ser humano. La población costera vivía ante la constante amenaza de los piratas y corsarios extranjeros que los saqueaban continuamente, y los que residían en el interior se enfrentaban a los bandidos y ladrones que aguardaban en caminos y senderos para hacerse con las escasas ganancias del campesino.

La artesanía que residía en las escasas ciudades se agrupaba en pequeños gremios que monopolizaban el mercado y que se valían de los escasos medios de comunicación (Comercio marítimo o por carreteras y caminos rurales). Este comercio era de carácter local, los aranceles interiores que debían pagar para cambiar de territorio geográfico eran muy numerosos y elevados. Los territorios debían ser autosuficientes en todas sus necesidades. Esta necesidad de autosuficiencia encarecía notablemente todos los productos, impidiendo que mercancías extranjeras o propias de otras regiones en las que se empleaba menos capital parar producir una misma mercancía no pudieran venderlas fuera de su área local sin tener que elevar sus precios con los impuestos. Como resultado de esta política proteccionista, las actividades comerciales eran escasas y sus precios elevados.

La nación se sumía en la decadencia y el derroche, periodos de crisis alimenticia, pandemias y pestes que diezmaban a la población se unían a grandes fiestas, banquetes e inauguraciones de palacios y mansiones de recreo. Los nobles y el clero se enriquecían ejerciendo un control total. Las tierras, la cultura, la inquisición, la ley, la tradición, la religión… todo estaba a su servicio y todo aumentaba su poder.

Durante esta crisis estamental, surgiría en España, durante el reinado de Carlos III, una extraña figura. El ilustrado, hombre que combinaba letras y ciencias con el objetivo de incrementar el bienestar del país.

La unión de la monarquía y las ideas ilustradas que pretendían aumentar la productividad y el número de tierra cultivada para eliminar las crisis de subsistencia, modernizar los métodos artesanales y desenvolver el comercio mediante la desamortización y el aumento de presupuesto científico; crearía un nuevo sistema conocido como despotismo ilustrado (“todo para el pueblo, pero sin el pueblo”), sistema en el que los ilustrados como Esquilache o Olavide ocuparían puestos de importancia en el gobierno desde los que trabajarían por llevar a cabo sus ideas ilustradas.

Este trabajo conjunto fue deteriorándose lentamente ante la lentitud de las reformas, la oposición de la nobleza y el clero que veían amenazado su poder, la persecución de la Inquisición, los motines populares y los encarcelamientos de algunos ilustrados.

Los reformistas se radicalizaron hasta el punto de exigir que el poder soberano era de la sociedad y reclamar por lo tanto la abolición de los derechos estamentales y la separación del poder real en tres poderes, que serían administrados por tres órganos diferentes para garantizar la justicia y el cumplimiento de la ley, es decir, limitar el poder real. (Principios del liberalismo español)

Todo esto provocó que los Ilustrados fueran expulsados del gobierno, terminando así con este primer periodo reformista español.


Desamortizaciones de los siglos XVIII y XIX.


El temor a la expansión de las ideas revolucionarias que recorrían Europa, llegando a abolir la monarquía francesa de Luis XVI provocó que las monarquías europeas salieran a la defensa de la soberanía real y lucharan abiertamente contra los revolucionarios. Este hecho, en España se vivió de distinta manera. Ante la incapacidad de derrocar a los revolucionarios, la monarquía española cerró sus fronteras y aplicó la censura más brutal para impedir que las ideas revolucionarias corrompieran a la población. Pero ante la ineficacia de este método, a finales de 1792 reaparece la figura del ilustrado español. Como persona versada en las teorías mercantilistas y liberales, así como en la tecnología y en los métodos novedosos que podían permitir un aumento económico y comercial del territorio.

Estos ilustrados o reformistas, denominados así por sus ideas de carácter crítico ante el sistema oficial presente, contaron con el apoyo o la completa hostilidad de la monarquía, sirviendo así, como simples esclavos y hombres sacrificables en aquellas iniciativas que favorecieran al monarca y siendo encarcelados cuando sus propuestas lo desagradaban.

Uno de los ejemplos más claros del reformismo es la persona de Jovellanos, conocedor de épocas de apoyo oficial y otras de persecución y encarcelamiento. Entre sus cometidos para la monarquía, redacto el Informe sobre la ley agraria (1795), en el que expresaba su descontento con el sistema de propiedades y contratos de propiedad vigente en la época. Para Jovellanos, el mayor problema de la agricultura española residía en que las tierras que circulaban en el mercado eran escasas, puesto que la mayor parte de la tierras estaba en manos de la Iglesia o de la nobleza, estas últimas vinculadas, es decir, sin posibilidad de venta, legal y tradicionalmente atadas al primogénito.

Para erradicar el problema existente, las crisis de subsistencia causadas por fenómenos naturales como inundaciones o largas sequías, Jovellanos pretendía derogar todas las leyes de vinculación territorial (tierras de la nobleza) y así permitir que la burguesía pudiera acceder a ellas y conseguir una mayor eficacia y una mayor superficie cultivada.


Años después, con la llegada de los liberales al poder, lo que supuso la desaparición del antiguo régimen, y el comienzo de la hegemonía liberal, se prosigue con la desamortización ilustrada. En este caso, dicha desamortización tiene otras causas. La primera de todas, la necesidad de obtener capital para disminuir las deudas heredadas del estado, financiar la guerra civil (Guerra Carlista) y disminuir las propiedades y por lo tanto el poder de la Iglesia.

Esta desamortización conocida con la de Mendizábal (1836) se dedica tanto a vender todas aquellas tierras ya desamortizadas por los ilustrados como las recién adquiridas de las órdenes religiosas. Sirviendo como capital, tanto dinero efectivo como la compra de títulos estatales.

Tras la expulsión de la regenta María Cristina por parte de los progresistas como la proclamación de Espartero como nuevo regente. Este continúa con el proyecto liberal. De nuevo la nacionalización de las tierras eclesiásticas es el objetivo de este nuevo periodo de desamortización. Por lo demás nada relevante en este momento, la manutención de la población y la financiación militar seguirían siendo las razones principales expuestas para justificar estas acciones en pleno siglo XIX.

Ya a mediados de este siglo, en lo que se conoció como Bienio progresista, en 1855 es Madoz, ministro del partido regente en ese momento del gobierno el que aplica la Ley de desamortización general, en la que ignora los acuerdos internacionales que en 1851 habían firmado los conservadores, partido en aquel momento en el gobierno, con la Iglesia Católica. Concordato en el que la Iglesia reconocía la desamortización de parte de sus tierras mientras el estado financiara sus actividades y permitiera la actuación de las órdenes de beneficencia, aboliera los impuestos y prohibiera la practica de otras religiones además de concederles el ministerio de educación.

De este modo la nobleza y la alta burguesía (miembros mayoritarios del partido liberal moderado) mantenían sus recién adquiridas propiedades y veían a la Iglesia como una aliada en la misión de control de la masa, entendiendo como tal a la totalidad de hombres y mujeres de clases bajas, el pueblo.

En esta nueva desamortización, los progresistas atacan a la totalidad de órdenes eclesiásticas independientemente de su función, a las cofradías y a las órdenes militares. De este modo el gobierno pretendía conseguir capital para comenzar la industrialización española, comenzando así la construcción de redes de comunicación que favorecieran o en algunos casos permitieran el comercio y la extracción y el transporte de materias primas; Ley de ferrocarriles.


Resultados de las desamortizaciones en España.

Al contrario de lo que parecía, el hecho de desamortizar las tierras de la Iglesia, o de poner en venta los derechos forales en Galiza, no supuso un aumento de la productividad agrícola ni posibilitó que los campesinos pudieran comprar las tierras que llevaban generaciones trabajando bajo contratos de alquiler de varios cientos de años, contratos realizados a la hidalguía local que a su vez alquilaba la tierra a la escasa nobleza terrateniente, permitiendo así que un grupo intermediario se enriqueciera sin generar ningún tipo de retribución al estado, empeorando las condiciones del campesinado.

Esto produjo, que los campesinos que trabajaban tierras de la Iglesia, perdieran su condición de campesinos libres que cultivaban una tierra alquilada y pagaban un “impuesto” al convento o parroquia local en forma de materias producidas o de dinero adquirido del comercio local; convirtiéndolos en meros jornaleros que vendían su “fuerza de trabajo” a cambio de un salario o jornal, normalmente monetario o en producción, pero siempre escaso y mísero pagado por la alta nobleza que se había hecho con la tierra desamortizada dejando así de obtener únicamente sus derechos señoriales en forma de pagos puntuales o mantenimiento de su poder feudal, sino que también a recaudar la totalidad de la producción local y la propiedad libre y plena de las tierras.

De una manera sencilla y precisa, la desamortización había permitido que los ricos ya de por sí propietarios o que aún no lo eran se enriquecieran más, mientras la población perdía los escasos “derechos” sobre la tierra que mantenían de antiguo régimen, es decir, que los pobres se empobrecieran y sus condiciones de vida empeoraran.

Unido a este empeoramiento de las clases bajas, el incremento de tensiones y de protestas sociales en los campos (Andalucía), la burguesía no conseguía hacerse con las suficientes tierras coma para poder obtener una situación equiparable a la Inglesa y garantizarse de este modo la correcta evolución de la “revolución liberal”, entendiendo esta, no en un contexto bélico, sino como tecnificación y aumento productivo de la agricultura; primer paso hacia la industrialización real de España…

Las tierras se acumulaban en manos de la nobleza quien, en vez de utilizar los escasos beneficios procedentes de la agricultura en invertir en ciencia y medios técnicos que aumentaran el rendimiento de esta actividad, permitiendo que menos campesinos produjeran los alimentos suficientes para alimentar a la creciente población y de este modo los campesinos sobrantes emigraran a las ciudades en busca de trabajo abaratando la mano de obra obrera y facilitando la labor de los capitalistas y por lo tanto la industrialización española, se gastaban la totalidad del capital adquirido en lujos derrochándolo como lo habían hecho anteriormente con el oro y la plata procedentes de las ya independizadas colonias americanas, la denominada edad de oro.

Pero la desamortización también produjo beneficios estatales. Permitió salvar de la bancarrota de la monarquía instaurada desde el siglo XVII. Permitió dotar de buenas armas y equipo, así como comprar los servicios de militares experimentados para formar un ejército y de este modo ganar una guerra civil. Permitió financiar la creación de una red estatal de ferrocarriles, empresa que dio trabajo a una considerable cantidad de campesinos emigrados de sus poblaciones rurales en busca de trabajo y mejoras de su calidad de vida. Y finalmente permitió que una organización tan poderosa históricamente en España como lo es la Iglesia Católica perdiera poder, o por lo menos que este fuera reducido en mayor o menor medida.

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