Perdim-me entre as brêtemas do coraçom e as árvores da razom...

En el bosque

Bueno este es un texto que tenía por el disco duro que hace puff que escribí y que como ahora estamos en fase de creación rolera pues me ha dado por publicar (Que conste que estaba buscando unos apuntes pero con lo bonito que son los iconos de las carpetas pues ya se sabe que uno se pierde...)

Era un día frío de invierno, la niebla era espesa, casi podías agarrarla con las manos. Llevábamos horas inmóviles esperando. Esperando como si fuéramos árboles o helechos. Esperando. Aquel bosque era siniestro, espeso y siempre oscuro. La luz apenas se colaba entre las hojas y las ramas que tapaban el cielo.

Esa misma noche había situado a mis hombres en el lugar acordado. La estrategia era la misma que nuestro pueblo había utilizado durante milenios. Ocultos entre la espesura del bosque y protegidos por las brumas de la mañana aguardábamos a que el enemigo entrara en el desfiladero. Durante horas había estado observando las pocas estrellas que el techo verde me permitían divisar. Haciendo que pasara el tiempo un poquito más rápido en la angustiosa espera del depredador agazapado ante la presa recelosa.

Eran tiempos difíciles. Nuestra tierra, anteriormente segura y en paz, cada vez se veía turbada por más y más criaturas provenientes del norte. Hombres, en el mejor de los casos, pero también pieles verdes que luchan bajo un estandarte adornado con una serpiente alada de color negro. Nadie sabe de donde provienen pero lo que puedes dar por sentado es que no son pacíficos. Sus tácticas son brutales y por donde pasan no suelen quedar supervivientes para contarlo.

Entre la bruma distinguí una figura alargada que se movía lentamente por el margen del camino. Concentrado fijaba mi vista tanto como mis ojos lo permitían intentaba adivinar de que se trataba. El explorador no había avisado, era bastante raro. Sería un enemigo, un animal… Giré mi vista a un lado, y durante un par de segundos fui incapaz de distinguir al compañero más cercano que se camuflaba en un árbol cercano. Me estaba mirando y en sus labios pude leer la palabra ciervo.

Como el resto de los montaraces, llevábamos cerca de dos meses viviendo en lo más profundo del bosque, por la bromita del entrenamiento. Echaba de menos mí casa, mi familia, pero sobre todo los atardeceres sentado junto a ella sobre los muros de la ciudad. El rojo brillante sobre sus preciosos ojos verdes, su voz en mi cabeza, el ondear del viento sobre su cabello. Echaba de menos la ciudad y sus altas torres de nácar. El calor de sus fuegos y la comodidad de sus lechos. El bosque era frío, duro, no os hacéis idea de lo complicado que es dormir sobre un suelo lleno de raíces.

Ocultos en la espesura, cubiertos con estropeadas capas de un color verde oscuro y con el único abrigo de una delgada armadura de cuero resistíamos el frío seco que golpeaba los árboles hasta casi quemarlos. Realmente cuanto más cerca de las montañas estabas, más frío tenías, pero de nada te servia refugiarte. Como si de un espíritu se tratara entraba en ti y te calaba desde dentro, ni siquiera un buen fuego podía calentarte en aquellas tierras que la luz del sol había abandonado hace mucho tiempo. Siempre oscuro, la oscuridad atravesaba las altas montañas invadiéndolo todo como si el mal viniera con los forasteros.

Llevábamos horas allí, inmóviles y alerta al mínimo movimiento que recorriera el camino. El teniente había elegido esta posición para atacar desde una “posición ventajosa”, el camino se introducía en una zona más espesa y pasaba al lado de un pequeño alto montañoso, como un barranco de dos o tres metros de altura. El teniente y sus hombres estaban en el alto, en su posición ventajosa, mientras que nosotros estábamos en el otro lado del camino, protegidos por los matorrales y los árboles. En el caso de que el combate se prolongara demasiado seríamos nosotros los perjudicados.

A lo lejos resonaba el canto silencioso de un gorrión. Sin un solo ruido nos preparamos para atacar. La estrategia era sencilla, tras el primer aviso del vigía nos preparábamos, después solo teníamos que dejar que se acercaran y cuando la formación hubiera entrado en la zona paralela al barranco nuestros arcos diezmarían sus flancos; después, habría que improvisar como siempre. El vigía volvió a cantar. El enemigo se acercaba a su muerte.

Con el paso de los segundos la columna oscura se fue colocando en el lugar esperado. Estábamos aterrorizados, pero a la vez sorprendidos de que aquellas bestias que considerábamos parte de viejos cuentos para niños estuvieran allí delante de nuestros ojos. Las dudas colapsaron mi pensamiento. Tenía miedo. Durante un segundo todo quedó en silencio, y fue entonces cuando rompiendo el aire llegó hasta mi el claro sonido de un cuerno de plata, la señal de ataque. Mi corazón recobró el valor y mi garganta las fuerzas para gritar ── ¡Ahoora!

Lo que en principio había parecido una estrategia segura para alcanzar la victoria se había vuelto poco a poco contra nosotros. Aunque los enemigos caían por decenas nuestros arcos no eran suficientes y para mi desgracia a nosotros nos habían localizado. La cosa pintaba mal para mi pequeño grupo.

Poco a poco un pequeño grupo de pieles verdes se acercaba en posición de falange hacia nosotros, paso a paso. En cuanto estuvieron lo suficientemente cerca se desplegaron y cargaron al frente sin temor, sin duda, como si de armas perfectas se trataran. Su aspecto no era humano, pero su compartamiento lo dejaba claro, eran bestias salvajes. Nos defendimos como pudimos...

Mi flecha surcó el aire produciendo un leve zumbido hasta colarse por un pequeño agujero entre el escudo y el yelmo del primer enemigo; atravesándole la garganta. Ya con las espadas nos enfrentamos a ellos lo mejor que pudimos. Dos a dos, cubriéndonos en los árboles mientras retrocedíamos rápidamente entre la espesura. Estábamos claramente superados, tanto por el número de enemigos que infestaban nuestro lado del camino como por su fuerza de choque. No estábamos preparados para ese tipo de combate. No teníamos lanzas, ni escudos ni armaduras para llevar a cabo un combate cuerpo a cuerpo con una unidad tan acorazada.

Después de abatir a otros cinco hombres me vi en una situación crítica. Apenas quedábamos una decena de soldados de los treinta que cubríamos este lado, ── ¡Retirada, rápido, atrás! Casi sin pensarlo aquellas palabras salieron de mi boca.

Corrimos tanto como pudimos mientras combatíamos con los que se oponían a nuestro paso. De repente el primero de nosotros cayó atravesado por numerosas flechas. Alcé la vista y contemple horrorizado que a solo tres metros de nosotros se encontraba un segundo grupo que no habíamos visto. Todos sus arqueros estaban preparados para abatirnos en cuanto nos pusiéramos a tiro. El tiempo escaseaba, no duraríamos mucho allí.De espaldas a los arqueros, cubierto en un árbol me dispuse a aguantar tanto como pudiera. No había salida, entre los arqueros y la infantería que nos perseguía. No podíamos ganar.

Uno de nosotros saltando por encima de un tronco caído se abalanzó sobre la línea de lanceros que nos perseguía. De forma más temeraria que valiente, lo seguimos. Tres de nosotros nos abrimos paso entre los lanceros matando a cuatro de ellos e hiriendo a dos más. Mientras nuestros compañeros caían bajo las flechas que nos lanzaban sus arqueros. Era extraño, a pesar de encontrarnos rodeados por su infantería, inmersos en un combate caótico entre los árboles, aquellos arqueros nos disparaban alcanzando a los suyos tanto o más que a nosotros y, parecía no importarles.

Atravesamos un claro, dos, un riachuelo de plata, subimos una colina y alcanzamos el camino un poco más arriba. Quedábamos cuatro. Nos habían dado muy duro. Seguimos corriendo hacia la posición del teniente donde al comienzo del combate había otros treinta valientes.

Al llegar, ocultos entre los árboles continuamos luchando. Esta vez desde la distancia, disparando contra los que intentaban subir la colina. Allí estaba el teniente con ocho hombres resistiendo. Poco a poco fueron cayendo, bien bajo las espadas negras de aquellas bestias o bajo sus flechas.

En ese momento nuestro vigía desde la distancia hizo sonar nuevamente el cuerno de plata. Aunque está vez pareció ahogarse hasta desaparecer en el silencio. ── ¡Retirada, todos atrás! ── gritaba el teniente mientras los supervivientes huían entre los árboles.

Corrimos como si el demonio mismo nos persiguiera por un bosque maldito. Después de alejarnos lo suficiente nos dirigimos al noreste, al campamento del claro, era pequeño, rodeado de una pequeña empalizada de madera, pero las órdenes eran que en caso de retirada todos los efectivos supervivientes se dirigieran allí antes del anochecer. No llegábamos a la media docena- La batalla había sido una completa derrota, o por lo menos eso pensaba.

Al llegar al campamento el capitán de la guardia nos informó de que habíamos acabado con unos trescientos enemigos. Según él no estaba mal para sesenta novatos. Había perdido amigos, conocidos y sobre todo había visto la muerte muy cerca. Tengo que decir que aquellas bestias eran toscas, para nada técnicas, pero sí muy fuertes.

No era una noche para celebraciones.

Un toque fantástico a mi obra, que aunque sea un genero extraño para mí en aquella época era lo que me apasionaba. Espero posibles correcciones y fallos. Hasta apuesto a que hay faltas de ortografía porque si las tengo ahora imagínate hace por lo menos 6 o 7 años...

5 comentarios:

Amanda dijo...

Escribes mejor ahora. Aunque ya apuntabas maneras niño. Un beso.

Anárion dijo...

El relato esta muy bien espero que tenga segunda parte :P. Jo,¿y ya escribias así con 13-14 años? Yo a esa edad me dedicaba mas a leer :P. Bueno pues que esta guay y a ver si la sigues.

A l o n d r a . . . dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
A l o n d r a . . . dijo...

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Sip, el escrito de un casi adolescente. Con ese sentir puro y casi casto que da la poca experiencia, con la inocencia que nos entregan las ilusiones ingenuas y con ese no sé que, que muestra la pasión de un niño...

No quiero decir si escribes mejor o peor que antes, nos soy nadie para eso. Solo te puedo decir que el paso de los años, no entrega y arrebata millones de cosas, vidas, amores, dolores, decepciones, etc. Tú, has sabido plasmar esas adquisiciones en tus escritos...


Besos!

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Pablo dijo...

Non está nada mal meu. Terei que leer a novela épica.

Teño que facer un blogue xa me votarás unha man no verán.