Perdim-me entre as brêtemas do coraçom e as árvores da razom...

Proyecto Novela Épica (5ª parte)

Marcos casi acierta, pero no. Era un troll normal, el típico troll del WOW. A ver si para la próxima. Creo que con el largo de este capítulo me he pasado un poco, pero así no os quejais de que no hay avance o no hay sangre o no hay....

Llueve en el bosque


Cuando estaba a solo un par de pasos de esa criatura, le metí entre pecho y espalda nada más y nada menos que dos palmos de mi acero. El bicho cayó al suelo en el acto. Me incorporé enfundé mi espada en su vaina de plata recubierta por una funda negra de cuero y, observé el cadáver. Era un troll, un troll del bosque, su piel ahora, en el suelo, parecía de un color azul, casi gris, pero la luz que se colaba entre las hojas de los árboles la teñían con un verde oscuro que casi lo camuflaba con el entorno.

Algo se movía por el lado opuesto del camino. Era otro troll y casi estaba sobre Dela. Cogí rápidamente el arco y dos flechas, cuando justo iba a golpearla cos sus hachas por la espalda sintió como si su alma se escapara por una brecha abierta en su garganta. La otra flecha continuaría su viaje eternamente de no ser porque un árbol decidió cruzarse en su camino.

A caer al suelo el troll, Dela se detuvo en seco y echó una ojeada al cuerpo tendido de la bestia. Creo que aun no se había dado cuenta de lo que pasaba y al no verme cerca se había puesto… ¿Cómo expresarlo? Un poco nerviosa, creo que el miedo se agarró tan fuerte a su corazón que estuvo a punto de estallarle, cosa que explicaría lo que aconteció cuando salí desde detrás de los matorrales con el arco en la mano.

Dela se me lanzó al cuello asustada, tirándome al suelo y, después, de pedir perdón unas mil veces por su comportamiento me dio el que sería mi primer beso “real”, porque debemos recordar que ella era una princesa.

Desde entonces su actitud cambió totalmente. Poco a poco empezó a parecerse a una aventurera de verdad. Olvidándose de los lujos y de las tonterías que una chica de dieciséis años puede tener en la cabeza. Ya se sabe, los nobles están acostumbrados a un tipo de vida y, al verse prácticamente sola en un bosque no es algo a lo que estén acostumbrados. Pobrecitos que pena me dan. Dejando de lado algunos casos como el de Sir Velsin que fue criado en batalla, o por lo menos eso se dice de él.

Su aspecto fue cambiando en los dos días siguientes. Días en los que no paramos ni diez minutos para comer. Esta parte del bosque se había vuelto muy peligrosa. Algo muy extraño, normalmente todos los ataques a las caravanas comerciales eran localizados en la calzada, y por lo que había estudiado el interior del bosque era la zona más segura, lejos de los bandidos y salteadores. Pero no tenía ni idea de que por aquí hubiera trolls. Suponía que nos habíamos acercado demasiado a las guaridas de aquellas bestias.

Finalmente, después de cinco días de caminata sin descanso por un espeso bosque que tanto dificultaba nuestra marcha como me impedía confirmar que nuestro rumbo era correcto. Hasta el más novato de los novatos podría encontrar el norte mirando donde crece el musgo en un árbol. Ese no era el problema, el problema es que el bosque se encuentra en un valle rodeado por dos cordilleras montañosas que se unen en un punto. Ambas infranqueables por cualquier camino o ruta en esta época del año. Tan solo existe un paso, que, si habíamos tenido suerte con mi orientación estaría a no más de tres días. Un estrecho paso oculto por la maraña y la oscuridad de este bosque. Por desgracia era el camino más rápido.



Todo parecía ir bien entre Dela y yo. Ahora, incluso, me trataba como a un igual. Después de ver como protestaba cuando nos adentramos en este bosque, de cuyo nombre no puedo acordarme en el momento de escribir esta historia. Creo que estaba agradecida por haberle salvado la vida y, a la vez enfadada por no haberse dado cuenta, por haberse mostrado débil y frágil. Sólo tres días más de atravesar matorrales y zarzas espinosas bajo la sombra de estos tétricos árboles, sólo tres días más de dejarse los pies entre las raíces del camino…

Como si alguien lo hubiera previsto, justo cuando menos lo necesitábamos comenzó a llover. Las gotas de agua caían y caían por doquier, llenando el bosque de un tintineo alegre y a la vez ensordecedor.

Después de varias horas de caminata bajo la lluvia, Dela se acercó a mí, y tras pronunciar mi nombre, con un tono de ultratumba, se desplomo como si un rayo la hubiera fulminado.

Después de recogerla me di cuenta de que desde hacía días me había ocultado una pequeña herida en uno de sus delgados brazos, no parecía nada, pero había sido producida por una planta venenosa, sin duda, ya que una capa azul claro recubría esa parte del brazo. ― ¡Maltita sea, Dela! Tenías que habérmelo dicho.

No sabía que hacer, tenía dos opciones: Dejar a Dela lo mejor cubierta que pudiera bajo la lluvia y buscar una pequeña plantita con la que preparar un contraveneno, aunque seguramente para cuando volviera ella estaría muerta, no por el veneno, sino por el frío. Además no estaba seguro de que remedio necesitaba. O llevármela durante unas horas hacia lo que yo creía que era el este e intentar encontrar algún refugio en las laderas montañosas donde refugiarla de la tormenta mientras buscaba un remedio.

Me decidí por la segunda opción, dejé todo lo indispensable y cargué a Dela sobre mis hombros. Comencé a andar, no se cuanto tiempo estuve andando, pero cada vez que me detenía unos segundos para recobrar el aliento unas palabras recorrían mi mente obligándome a continuar la marcha. “La muerte nunca se detiene a descansar. Tú tampoco puedes hacerlo.” Una y otra vez esas palabras pasaban recordándome que debía hacer, y dándome fuerzas para caminar hasta el fin del mundo, si fuera necesario. Ella estaba inconsciente y con cada paso su peso parecía aumentar extenuándome.

Por fin llegué a las laderas montañosas, posé lo más cuidadosamente posible a Dela en el suelo, la tapé y después de asegurarme de que estaba bien, seguía inconsciente pero estaba a cubierto de la lluvia y del frío. La tapé con mi capa y la dejé sobre aquel suelo húmedo en la ladera de la colina.

No tenía leña seca y no creo que pudiera conseguirla. Debía salir a buscar alguna planta medicinal con la que probar suerte, quizá encontraría algún leño seco, no me resignaba a perder la esperanza.


Encontré una otra caverna a sólo unos pasos. Para cuando llegué ya no me encontraba solo. Sabía que algo se acercaba. Y supe por donde me atacaba cuando vi la brecha de árboles partidos. Un maldito ettin se me echaba encima, ¡joder!, sus dos cabezas mirando con curiosidad. Sus grandes brazos aparentaban tener la fuerza de un tornado, y el árbol recién arrancado que portaba en la mano derecha le daba un aire temible.

¡Maltito gigante de mierda! Pensé durante un instante, y sólo se me ocurrió una cosa intentar neutralizarlo a distancia, si me cogía estaba perdido…

Creo que nunca me quedara tan sorprendido de algo así. ¡Mis flechas rebotaban en esa maldita bestia como si fuera de piedra! Tenía miedo, me temblaban las piernas y no sabía que hacer. El tiempo pasaba despacio mientras veía como se acercaba cada vez a más y más, hasta…. lo tenía encima, se detuvo en seco y comenzó a olisquear el aire, unas palabras sonaron altas y claras como si un rayo de sol cruzara toda la enmarañada capa de árboles y llegara hasta mí envolviéndome en un sueño…
― ¡Detente, bestia del Bosque Viejo! ― la bestia no podía moverse, su mano derecha sujetaba el tronco del árbol atrancado a solo unos palmos de mí, pero no podía aplastarme, algo se lo impedía. ¿No sabía que pasaba?

Desde lo alto de una roca salió la figura de un hombre, acompañado por un lobo y un cuervo.

― Tranquilízate joven vigilante, esta bestia no podrá hacer ningún mal ahora, desafortunadamente no puedo detener el hedor que desprende. ― su tono era… creo que estaba de broma, como si el monstruo no estuviera allí. ¿Cómo sabía que era un vigilante?

― Gracias, te debo la vida, pero ahora no tengo tiempo debo de encontrar remedio para un veneno.

― ¿De que veneno hablas?

― Un corte infectado de color azulado ― conteste sin prestarle mucha atención mientras echaba una ojeada a la entrada de la caverna.

― ¡Por supuesto! Bien, aquí tiene estas hierbas, pontelas sobre la herida después de hervirlas en agua y descanse un par de días. ― antes de que pudiera darle las gracias desapareció en la espesura, pero el viento trajo hasta mí unas palabras, creí oír su nombre pero nunca sabré que me dijo aquel extraño viajero del “Bosque Viejo” como el lo llamaba. Pareció desvanecerse entre las sombras…

El ettin había desaparecido, pero la lluvia proseguía cayendo interrumpidamente. Entré en la caverna para ver si en su interior se encontraba algún peligro. Era pequeña, seguramente aquella bestia solo estaba de paseo por aquí. Una caverna natural, de unos seis metros cuadrados, pero el lugar necesario para refugiarse de esta tormenta y tratar a Dela. No había ningún sitio mejor en los alrededores, la había dejado debajo de una cornisa que sobresalía. Volví a donde la había dejado y la traje a la caverna. Pensaba seguir el consejo del viejo druida.

Enganché una de las mantas de piel de osos, que portábamos en nuestros petates, de un extremo al otro para así conseguir que el frío no llegara hasta Dela, no las había utilizado antes para impedir que se mojaran.

A ella, la había acurrucado en una especie de cama que preparara con el resto de mantas y con mi capa por almohada. Sus ropas estaban secando sobre unas rocas, justo al lado del fuego que había preparado con la poca leña seca que pude encontrar en una esquina de la cueva. Sobre dicho fuego estaba hirviendo un poco de agua para intentar contrarrestar el veneno. Preparé un vendaje con hojas húmedas y coloqué las hiervas machacadas en su interior también le di de beber un par de tragos del agua curativa recién preparada.

Pasé aquella noche en vela, entre el refugio y la entrada de la caverna. No pegué ojo en toda la noche. Sólo dejaba mi puesto en la salida de la cueva para ver como se encontraba. Tuvo fiebre toda la noche, deliraba en sueños. La lluvia seguía cayendo y el frío aumentaba. Se acercaba el invierno…

Con las primeras luces del alba recogí el arco y dos flechas. Antes de irme a buscar la comida de ese día comprobé que Dela estaba mejor, seguía inconsciente pero las pesadillas que la atormentaron durante la noche parecían haberse ido, seguramente por el efecto de las hiervas, y ahora dormía en calma, parecía un ángel.

Agazapado entre los árboles escuchaba atento todo lo que me rodeaba, la lluvia producía melodías en su carrera de obstáculos hasta el suelo. Andando. Paso a paso. Despacio. No hay prisas. Atento. Un rastro en el suelo, las huellas son frescas, acaba de pasar un ciervo. Me apresuro a seguirlas. Dos minutos después me encuentro parado junto a un tronco caído. De rodillas en el barro. Observo a mí alrededor. Justo delante, entre dos árboles, oculto por la espesura. Ahí está. Sí, es un ciervo. Lo veo. No hay prisa. Coloco una flecha en el arco mirando al suelo. Me levanto lentamente. No hay prisa. Despacio. Me muevo despacio. Un paso hacia delante. Quiero estar más cerca. Un paso a la derecha. No debe haber nada que me impida el disparo. Un paso más. Me quedo quieto escuchando el silencio del bosque. Miro al ciervo. No tengo prisa. Me doy cuenta de que no me ha visto. Estiro lentamente la cuerda del arco. Concentro mis ojos en el cuello del animal. Blanco pequeño error pequeño. Blanco pequeño error pequeño….

En media hora regresé, seguía lloviendo y el día era gris, pero una alegría inmensa llenó mi corazón. Después de dejar el ciervo, que sería nuestra comida ese día, en un lado de la caverna, cerca del fuego ya apagado; vi que los preciosos ojos verdes de Dela me miraban con curiosidad.

― Buenos días, princesita, ¿Qué tal te encuentras hoy? ― intentaba que mi voz sonara lo más reparadora posible.

Una voz clara lleno la cueva. ― Mucho mejor, gracias por todo. ― justo antes de que se levantara.
― ¡Quieta! No te levantes, necesitas un par de días de reposo. La próxima vez espero que me digas que te pasa antes de desmayarte, ¿De cuerdo? ¡Vaya susto me diste ayer! ― me pareció deslumbrar una tímida sonrisa en su rostro.

Dos días más ocupándome de ella, pero por lo menos estaba bien y, de todas formas tendríamos que esperar a que pararan las fuertes lluvias antes de proseguir con nuestro camino. No me importaba quedarme allí, pensándolo bien era un buen sitio para acampar en tales circunstancias, algo me decía que el druida seguía por los alrededores vigilándonos y protegiéndonos. Me sentía bastante seguro en aquella pequeña y húmeda caverna en las laderas escarpadas de una de las cordilleras más altas y largas de todo el mundo, y de las menos exploradas. Además estaba ella…

(continuará...)

11 comentarios:

Anárion dijo...

Muy bien por fin hay acción, solo dos cosillas asi me pareció notar. La primera es que cuides tus descripciones que a veces se hacen dificiles de leer y la segunda que cuides la redaccion porque cosas como: "me parecio deslumbrar una timida sonrisa en su rostro" como que no tiene demasiado sentido. Yo creo que si mejoras esos fallos te quedaría algo mejor. Por lo demas me gusta, espero con ansias la continuación.

Anónimo dijo...

El prota es un mierda, mira que no poder acabar el solito con el ettin ese. Muy mal.

Friki nivel 21 dijo...

Debería haber sido un orco, pero bueno. No te ha quedado mal aunque se nota que lo escribiste hace mucho.

Marcos dijo...

Casi aceierto ;-)

A ver cuando se enrrollan!!

A l o n d r a . . . dijo...

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Mmmm, no hacen falta las palabras mi estimado, si a usted le produjo la mitad de lo que este escrito a sembrado en mí, de solo imaginar eso, tiemblo...

Un gran BESO!

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Anónimo dijo...

A ver cuando empiezas a escribirlos tu ahora. Que eso de colgarnos los viejos suena a no tengo ganas de escribir. xD

A l o n d r a . . . dijo...

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Jajaja, talvez fui muy ruda con mi rotundo "no", pero como tu dijiste, los casos, la vida, los sentimientos y todo es diferente en cada persona e historia. En la mia, he cerrado toda posibilidad...

Besos...

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A l o n d r a . . . dijo...

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Equovocarme???...
No entiendo que quieres decir con esto...

Besos, niño.

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A l o n d r a . . . dijo...

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Mi estimado, durante los últimos dos años lo único que he hecho ha sido volver a equivocarme, así en eso creo que tengo algo de experiencia. Pero llega un punto en la vida, en donde la paciencia se acaba, al igual que el amor, yo estoy en ese camino...

Besitos...

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Anónimo dijo...

No te está quedando mal la novela, pero prefiero tus relatos intimistas.

A do outro lado da xanela dijo...

novela a cachos...

extratexia de márqueting para ternos enganchados ou que?

Bico!