Perdim-me entre as brêtemas do coraçom e as árvores da razom...

Proyecto Novela Épica (6ª parte)

Bueno aquí tenemos una parte más de este proyecto de novela. Destaco que es la primera parte que no tiene una base escrita anteriormente, es decir, que no es un texto escrito hace tiempo que he corregido antes de publicarlo. Quiero aclarar que he cambiado ligeramente el estilo, intentando que se note lo mínimo, poco a poco lo hiré modificando para adaptarlo a mi estilo actual. A ver que os parece...

Un mundo en tinieblas

La mañana no esperaba nada bueno pero teníamos que partir ya. Después de recoger todo el campamento y comprobar como se encontraba decidí seguir hacia el noroeste.

Andamos y andamos durante horas, pero nos sentíamos con fuerzas y adelantamos más de lo que yo esperaba. Al mediodía nuestros ojos podían distinguir los muros de Ararat, una de las fortificaciones del reino de Urartu.

Al entrar en la planicie sobre la que se encontraba la pequeña villa cercana fortaleza, estaba completamente desierta. Los días que pasamos en el bosque se me habían pasado demasiado rápido, pero lo cierto es que llevábamos mucho retraso. No teníamos demasiado tiempo para llegar al norte, puede que para cuando llegáramos ya no estuviera allí.

Las calles estaban desiertas, ni un alma. No había tampoco ninguna pista que te pudiera llevar a la conclusión de que aquí, en este lugar olvidado, hubiera acontecido una batalla. Afortunadamente, y después de recorrer toda la aldea encontramos algunos caballos en un pequeño establo. Lo mas seguro es que fueran avisados desde el castillo, y huyeran a este rápidamente. Había carretas abandonadas, comida a medio hacer e incluso quedaban algunas brasas calientes en la chimenea de una de las granjas.

Tras recoger los caballos nos dirigimos apresuradamente hacia el castillo. Yo seguía pensando que tanto la guarnición como los aldeanos deberían estar allí, era lo más lógico. Aunque algo no me olía bien. No las tenía todas conmigo aquel día.

Sobre la puerta abierta del castillo de Ararat estaba posado cual rey un único cuervo negro. Al cruzar las puertas mis temores se revelaron hicieron realidad. Ni rastro de cuerpos, pero en aquel lugar había tenido lugar una batalla y si no era así que un rayo me partiera en dos allí mismo.

La puerta había cedido, en el suelo lanzas y flechas rotas demostraban que los defensores habían opuesto resistencia. Todas las catapultas, balísticas y otros artefactos de la fortaleza estaban sin preparar, y lo más acertado era suponer que no fueran disparados, ya que no se apreciaba, a simple vista, munición dispersa. En los campos que rodeaban el castillo no habíamos visto nada al acercarnos.

Las murallas estaban llenas de escudos rotos, y otros restos que demostraban la oposición o por lo menos el combate pero, ni una sola escala, cuerda o arma de asalto se encontraba cerca de aquellos muros de cerca de diez metros de altura.

Ni una sola alma, nadie estaba por allí. Registramos las estancias de los soldados, la armería, la cocina y todas y cada una de las habitaciones, sólo quedaba subir a la torre de homenaje, la más alta de todas y en la cual se colocaban los vigías para poder controlar los terrenos cercanos. En esa torre se encontraban los aposentos del Capitán, los capitanes eran una especie de comandante al que se le encargaba la protección de un determinado territorio, en el cual su palabra era la del emperador, se podría decir que ellos eran los ojos y oídos del emperador, y a la vez sus manos y su espada.

Acompañé a Dela en su camino hacia la torre de homenaje, iba muy decidida. Ella pretendía subir y echar una ojeada a todo el valle con la esperanza de ver un ejército acercándose desde el sur. Yo no esperaba ver más que bosques, llanuras y montañas nevadas.

Subí en cabeza peldaño a peldaño, todos y cada uno de los estrechos peldaños de piedra que componían la pendiente de la escalera. Llegamos hasta una gruesa puerta de madera. Cerrada. De repente como si alguien nos estuviera esperando la puerta comenzó a abrirse lentamente. Un crujido agudo cruzo el aire clavándoseme en los oídos. El pulso aceleró el corazón…

Dudé durante un ínstate. Tanteé la empuñadura de mi espada. Hice una señal a Dela para que estuviera alerta. Sólo tenía que esperar… La puerta se abrió completamente mostrándonos el interior de la sala. Delante, un largo y estrecho corredor en el que alguien se había tomado las molestias de colocar mesas, sillas, escudos, lanzas… cualquier cosa para levantar una penosa barricada. La barricada nos obligaba a pasar por el lado derecho del pasillo. Pegados a la pared. Sin espacio de movimiento. Seríamos un blanco fácil, pero la curiosidad pudo más que la razón.

Llegamos penosamente, después de realizar movimientos más propios de equilibristas que de soldados, al fondo de aquel largo corredor. A la derecha una reforzada puerta de madera nos cerraba el paso. Se la notaba nerviosa. Asustada. Su respiración era rápida y fuerte. No sabía que hacer, después de unos segundos de meditación me decliné por la opción más sencilla. Llamé a la puerta.

El pomo de mi espada produjo dos grandes estruendos al chocar contra una de las planchas de acero que recubrían parte de la puerta. Se abrió rápidamente y lo único que pude ver fue el reflejo del acero antes de que un único golpe me derribara.

― ¡Alto, somos amigos! ― la voz de Dela paró el tiempo.

― ¿Qué… cómo es posible? ― una voz decrépita y cansada que parecía luchar desesperadamente contra el aire, para que este no la alejara de aquel lugar para perderse en el olvido.

― ¿Amigos? Pero… ¡Que me corten el cuello! ¡Como diablos….

― Pasad, amigos. Estaréis cansados, aquí podréis descansar hasta que llegue la noche, ¡ah! Perdona lo del golpe, pensaba…― su expresión era de asombro.

La habitación, no era gran cosa. Detrás de una gran mesa se encontraban dos soldados, otro de pie, junto a una de las estrechas rendijas con una ballesta. En uno de los lados seis heridos reposaban sobre el suelo. El hombre que me había dejado seco de un golpe en la cabeza nos condujo hasta una escalera de mano colocada en la fachada norte.

― Subid, él querrá hablar con vosotros. ― subimos lentamente la escalera.

Sobre las almenas de la torre de homenaje podíamos ver todas las tierras cercanas. En el cielo, un pequeño grupo de nubes se teñían de un tono rojizo. No faltaba mucho para el anochecer. A lo lejos se encontraba el denso bosque por el que habíamos llegado. Al oeste la llanura se extendía hasta perderse bajo las montañas nevadas de Pico de Hierro. Todo estaba silencioso, inmóvil. Si un ejército amigo venía hacia aquí estaba aún muy lejos.

En la esquina norte de la torre, oteando el infinito se encontraba un hombre. Llevaba una capa larga de color verde y media armadura, para ser concretos llevaba la pechera y una de las hombreras mal colocada, como si no le hubiera dado tiempo a ponerse el resto. Nos acercamos despacio.

― Todo está perdido. No hay vuelta atrás. El mal arrasa la tierra de los hombres. No tenemos ninguna oportunidad, ninguna. ― se encontraba desesperado y a la vez resignado. ― ¡Diez mil hombres!, diez mil hombres. ¿Para qué? Más les habría valido huir, esconderse en un agujero oscuro y profundo. Pero aún así no estarían seguros, no. Esas cosas los encontrarían y los harían desaparecer. ¡Supervivientes! ― de repente su atención se centró en nosotros.

Después de contarle de donde veníamos y a donde nos dirigíamos se sentó en el suelo. Parecía que sus piernas habían perdido las fuerzas.

― Niños… ― su voz había cambiado, ahora era débil y mustia. ― niños, no se puede hacer nada. Los hemos intentado parar, lo hemos intentado. No he visto ni uno sólo, ni uno solo de esos seres muerto, ninguno. A su paso solo dejan el rastro de sus pisadas entro los cadáveres de los hombres.

― ¿Pero, cómo, ha donde han ido? ― Dela lo interrumpió asustada.

― Pues lo que he dicho niña. Llegaron un miércoles. Los leñadores estaban todos muertos cuando acudió el gobernador con la guardia a la frontera, justo antes de los bosques, el reino de Elos. Esas cosas vagaban sin rumbo por esas tierras, matando a todos a su paso. Reunimos diez mil hombres armados y les hicimos frente en los campos de Tushpa. No sobrevivió nadie. Después arrasaron cada ciudad, cada aldea, cada granja. La gente uía desesperaba, sin presentar batalla. Fue una masacre. ― su expresión cambiaba poco a poco hacia la desesperación ― Asaltaron el castillo. Toda la guarnición y no acabamos con ninguno. No me lo explico. ¡Mira! ― me enseñó su espada manchada de sangre. ― Juraría que le había cortado la cabeza a esa bestia, pero cuando me di la vuelta ya no estaba.

― ¿Pero donde han ido? ― Dela lo interrumpió nuevamente.

― No lo se. Se fueron antes del amanecer y no los hemos vuelto a ver en todo el día. Las historias que nos llegaban del norte decían que sólo atacan de noche, en noches oscuras donde no se ve la luna. ― continuaba mirando fijamente la sangre seca sobre el metal. ― Nadie puede pararlos nadie. ¡Acabaran con todo!

Las cosas estaban peor de lo que esperaba. Seguía sin sabes que pasaba, ni por qué. Pero de lo que estaba seguro era de que nada que yo conociera podía atravesar el reino élfico de Elos y seguir con vida para vencer en batalla a las tropas de Urartu.

(continuará...)

7 comentarios:

Anárion dijo...

Muy buena la continuación, solo un par de observaciones, la primera fijate en la gramática que en algún párrafo he visto expresiones como "Al cruzar las puertas mis temores se revelaron hicieron realidad". también las palabras que utilizas que a veces las escribes mal te diría que la repasases para corregir esos gramaticales y alguno "hortojráfico".
Por lo demás, la trama mola, hay intriga, combates y sangre. Estoy deseando ver que ocurre a continuación a nuestro joven caballero y a la princesita ;).

Sigue así que te esta quedando guapa ^^.

Friki nivel 21 dijo...

Luz fuego destrucción! lalalala!

Estoy empieza a engancharme. MAS MAS!!

AntonioIglesias dijo...

La cosa se pone interesante. Ya tenemos un reino éfico arrasado y otro humano. jejeje

¿Para cuando una gran batalla?
Coincido con "A do outro lado da xanela" en que lo de sacarla poco a poco es para engancharnos como hacen los de Prision Break. Serás cabronazo!

Marcos dijo...

Se pone interesante. (Cuidadito con los acentos)

L. Celeiro dijo...

Perdonar por cualquier falta que tenga por el medio un acento. Me ha infectado un virus llamado ntos(ntos.exe) y me es casi imposible poner un acento, dependiendo totalmente de la eficacia y voluntad de los corectores automáticos y del autocompletar del office.

Digamos que si quiero poner camión me escribe "cami´´on"

Anónimo dijo...

Mola, me estoy enganchando.

Coincido con la mayoría en que a pesar de todo sigue faltnado sangre. Necesitamos combates y los necesitamos ¡ya!

Anónimo dijo...

mmm espero que nuestros protagonistas crucen el reino elfico de Elos, con erotico resultado xD