Perdim-me entre as brêtemas do coraçom e as árvores da razom...

Proyecto Novela Épica (7ª parte)

El despertar

Llevaba horas perdido en el bosque, jugando, persiguiendo conejos y ciervos cuando una sombra se apareció en lo alto de una ladera. Era un jinete totalmente cubierto de negro.

Comenzó a descender lentamente hacia mí y me inundó le pánico. Corrí como nunca había corrido, cada vez mas rápido, entre los árboles con la esperanza de conseguir llegar a casa. Sin mirar atrás, sólo correr. Respirar, dejar que el aire penetre en mis pulmones se filtre a la sangre y llegue hasta los músculos para poder correr más rápido.

Salí del bosque y crucé los campos de cultivo como si un dios oscuro me estuviera persiguiendo. El maíz me golpeaba la cara y los brazos pero no podía dejar de correr.

Exhausto y magullado entré dando un portazo en casa. Allí estaba mi abuela preparando una sopa. ― ¡Me persigue un demonio! ― mi voz se entrecortaba con la acelerada respiración.

― Cálmate chiquillo nadie te persigue. Siéntate a comer que ya va siendo hora. ― estaba tranquila pero yo no podía dejar de mirar la puerta mientras me comía una deliciosa sopa de pescado.

La puerta se abrió lentamente, di un salto hacia atrás y mi espalda se encontró con la pared de piedra.

― Ya has llegado, no te esperaba hasta dentro de varios años. ― era el caballero negro que me había perseguido, como es posible que conociera a mi abuela. ¿Qué estaba pasando?

El hombre se sentó en el otro extremo de la mesa. Dejó una espada gigantesca apoyada en la pared y dijo: ― No sabes cuanto se echa de menos tu cocina, tía. ― Mi abuela le sirvió un plato con una sonrisa entre los dientes.

― Bueno… hijo, mi nombre es Arthur. Conocí a tu padre. ― no sabía como reaccionar, estaba paralizado por el miedo… ― Siento haberte asustado en el bosque, quizá fui algo brusco al acercarme a ti, lo siento.

― No crees que el niño aún es muy pequeño. ― Replicó mi abuela desde el otro lado de la habitación.

― Que edad teníamos su padre y yo cuando nos fuimos, acaso no lo recuerdas, anciana. ― su tono era casi burlesco, mi abuela seguía sonriendo.

― Se te echaba de menos, pícaro. Hijo, Arthur es tu padrino, se crió con tu padre, él te cuidara a partir de ahora. Debes portarte bien y hacerle caso a todo lo que te cuente.

― Si abuela ― contesté entre dientes mientras me terminaba la sopa.

Mi abuela desapareció mientras mi padrino me interrogaba y hablaba melancólico sobre mi padre. Yo no lo había conocido pero creo recordar que mi madre me contaba de pequeño que era un comerciante y que siempre estaba viajando de un lugar a otro.

Mi abuela regresó a la cocina con una bolsa y dirigiéndose a Arthur dijo: ― Todo listo, cuídalo como si fuera tu hijo. ― esta vez su tono era serio y severo.

― Así lo haré, se lo prometí hace catorce años y no le fallaría.

Abandonamos mi hogar, donde me había criado a pie, por el camino del este. Hacia la costa. No se porque íbamos en esta dirección porque al este de mi aldea sólo encontraríamos el mar.

― Hijo, te enseñaré todo cuanto he aprendido. ¡Dioses! Eres igualito que tu padre. Sabes yo viajaba con tu padre siempre, éramos inseparables hasta, bueno hasta que murió en los campos de Ibela durante una de las mayores batallas que he visto. Unos días antes de que nacieras. Tu padre era un guerrero, como lo soy yo y, como lo serás tu muy pronto. ― no sabía de qué me estaba hablando, mi padre era un comerciante, no un guerrero.

― ¿Nunca has visto cosas?

― ¿Qué cosas?

― Cosas, cosas que ves y no ves… cosas que sientes y que cuando te giras no hay nada.

― He visto un troll en el bosque.

― ¡No!, no me refiero a eso, al fin y al cabo un troll o un orco son criaturas de la naturaleza. O incluso los magos con sus truquitos baratos crean cosas extrañas y antinaturales. Me refiero a algo más tenebroso. La sensación de que se te erizan todos los pelos del cuerpo. La sensación de una presencia y que de repente desaparece y te encuentras solo. ¿Nunca te ha pasado? ― alargó la mano y me entregó un colgante de bronce en forma de ojo. ― Te protegerá de lo desconocido. ― su voz era firme y segura, ahora me sentía cómodo con su presencia.

― Gracias señor. ― tartamudeé

― No me llames señor, soy tu padrino. Llámame Arthur.

― Si se.. Arthur.

― Mucho mejor. Bueno tendremos que conseguirte una espada.

― Señor, nunca he cogido una. ― ¡una espada!, tendría mi propia espada. La emoción afloraba por cada poro de mi piel y se veía en el brillo de mis ojos.

― Pues eso tendremos que arreglarlo. ― su mano me acarició la cabeza enredándome el pelo. Te queda mucho que aprender para llegar a ser un verdadero Vigilante, como tu padre.

Seguimos camino hacia los puertos….

(continuará...)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Un flashback, serás cabrón...

AntonioIglesias dijo...

Un flashback, sinceramente no me lo esperaba. Pero no te ha quedado nada mal. Espero poder seguir leyendo esta novela durante mucho tiempo.

Felicidades amigo!

Anárion dijo...

Interesante flasback narrando los inicios de nuestro héroe. Yo tampoco lo esperaba y no te ha quedado mal, es más encaja bastante bien con la historia. Y bueno quitando algún errorcillo de teclado (sin contar los acentos) pues por lo demás está perfecto. ¿Para cuando el siguiente? xD