Perdim-me entre as brêtemas do coraçom e as árvores da razom...

Proyecto Novela Épica (10ª parte)

En lo alto de la torre

Al mediodía llegamos a Susa. Como habíamos supuesto, los alrededores estaban desiertos aunque, esta vez, los efectos de la batalla se extendían unos trescientos metros formando un círculo en torno a los muros de la ciudad.

Flechas, piedras y restos de proyectiles incendiarios estaban esparcidos por todas partes sin aparente sentido. Pero ni un solo cuerpo yacía sin vida sobre la hierba machacada.

Tras dar un par de vueltas por los alrededores buscando cualquier cosa que nos pudiera dar algo de información y gritar numerosas veces en dirección a los muros sin recibir respuesta no dirigimos hacia la puerta principal. Mi idea era entrar en la ciudad.

Recuerdo que Isa tenía miedo, se aferraba fuertemente al caballo. Misteriosamente la puerta estaba intacta, ni un maldito rasguño. Aún se encontraba cerrada. Que extraño.

─ ¡Hay alguien ahí! ─ grité con todas mis fuerzas una vez más.

La única respuesta que recibí fue el suave susurro del viento sobre los viejos muros.

─ Dela, ¿cómo entramos, se te ocurre algo? ─ pregunté tras dedicar unos segundos a la reflexión mientras perdía mi mirada entre las piedras que constituían ese sólido muro de más de siete metros de alto.

─ Dame tu cuerda. ─ respondió Dela con una sonrisa en la cara. Sus ojos me decían que no me iba a gustar su plan…

Desmontó de un salto. Recogió cuidadosamente la cuerda y se arrodilló con ella entre las manos. Nunca había visto a nadie tratar una cuerda con tanta ternura. Le susurró unas palabras que no fui capaz de escuchar y la dejó delicadamente en el suelo.

─ ¡Listo! ─ dijo mientras se levantaba. ─ Ahora te toca a ti no pensarás que una señorita como yo puede escalar muros tan altos, me mancharía la ropa. ─ su tono era burlesco pero yo seguía sin entender nada, la cuerda estaba en el suelo, inmóvil, vamos como cualquier cuerda. Desmonté y bajé a Iria del caballo.

─ ¿Qué? ─ pregunté extrañado.

Dela golpeó mi brazo mientras fijaba su mirada en el muro. Cerró los ojos y dijo:

─ Ahora ve.

La cuerda se levantó y comenzó a serpentear por el suelo en dirección al muro.

─ ¡Magia! Muy lista, pero lo de trepar no lo podrías arreglar con otro truco verdad.

─ Entonces no tendría gracia. ─ replicó.

─ Ya…claro…

La cuerda fue escalando poco a poco el muro hasta que su punta se perdió entre las almenas. Unos segundos después perdía su vida quedando totalmente inmóvil, colgando del muro.

─ Ya sabes… ─ ella disfrutaba con esto, estoy seguro. Hizo un gesto con la cabeza indicándome donde estaba la muralla.

Ascendí trabajosamente cada centímetro de ese maldito muro. Suerte que dejara todo el equipo menos la espada que ahora llevaba enganchada en la espalda porque, si no, habría muerto escalando esa pared.

Al llegar arriba contemplé una muralla llena de armas, escudos y restos de corazas. Todos se encontraban dispersos, sin orden aparente. En la muralla se había combatido seguro…

Tras dar un par de pasos me topé con un charco inmenso de sangre. ¡Dioses! La muralla estaba llena de sangre. Todas mis sospechas acababan de ser confirmadas; la gente no estaba desapareciendo, sino que habían muerto. Ahora la pregunta era ¿donde se encontrarían los cuerpos?

Bien. Observé el interior de la ciudad. Desierta. Se apreciaban restos de barricadas. La lucha tubo que ser atroz, pensé. Desenfundé mi espada y descendí por las escaleras en dirección al portón mientras las dudas se apoderaban de mi mente.

¿Qué enemigo toma una ciudad a sangre y fuego sin necesidad de abrir las puertas de la ciudad? ¿Cómo es posible que no haya cuerpos en ningún sitio? La ciudad no está quemada, como sería de esperar, tampoco parece que la hayan saqueado…

Me paré frente al portón de madera. Estaba perfectamente bloqueado. Iba a estar jodido. Esos maderos deben pesar trescientos quilos cada uno, o incluso más.

Durante diez minutos aproximadamente fui moviendo cada madero para conseguir abrir la puerta. Sudando hasta la última gota de agua de mi cuerpo. Con la respiración entrecortada y los brazos agotados logré quitar el último de ellos. Sólo me quedaba tirar, un esfuerzo más y listo.

El portón cedió lentamente a mi presión. Se arrastró poco a poco hasta que quedó el suficiente espacio como para que entrara un caballo. Entonces me dejé caer al suelo. Estaba agotado.

Dela e Isa entraron guiando a los caballos y al pasar a mi lado. Cuando me vieron destrozado en el suelo soltaron a la vez como si lo hubieran preparado:

─ ¡No seas vago, levanta que tenemos mucho trabajo! ─ entre las profundas y necesarias respiraciones logré soltar un: ─ Un se-fhs-gundo ─ tras lo cual apoyé bruscamente mi espalda en el suelo.

Pasamos la tarde en la ciudad. Como bien había supuesto no la habían saqueado. Simplemente la habían limpiado de toda vida. Pudimos recoger comida y utensilios previniendo así cualquier posible contratiempo que nos encontráramos por el camino.

Fue gratificante ver a Isa jugando con una muñeca de trapo que había encontrado en un granero. A pesar de todo seguía habiendo esperanza, seguía habiendo vida en aquel lugar.

Dela había recogido una pluma, tinta y papel. Junto con algunos libros del templo principal y estaba copiando partes de éstos en los pergaminos. Supongo que serían cosas mágicas porque no era ni el lugar ni el momento para dedicarse a la literatura.

El equipo que habíamos recogido nos obligaría a ir andando con los caballos como bestias de carga el resto del camino pero esto tampoco nos retrasaría tanto teniendo en cuenta nuestro ritmo actual. Como podía cargar un poco más a mi caballo decidí pasarme por la armería.

Preparé y modifiqué una ballesta añadiéndole un cajón de madera con una palanca donde llevar seis virotes, era un invento oriental que permitía a un hombre disparar seis veces en menos de diez segundos. Aunque añadía un poco de tiempo a la recarga. Seguía prefiriendo mi arco artesanal pero nunca estaba de menos un arma como aquella. También recogí dos espadas cortas de gran calidad un par de cuerdas y unas herramientas de carpintero. Un martillo y unas puntas mayormente.

El resto de la tarde lo pasé mirando a Dela. No podía dejar de hacerlo. Ella estaba preciosa escribiendo sus cosas. Tenía unos ojos, ¡puff! que ojos…

De vez en cuando ella se giraba me miraba y decía:

─ ¡¿Qué?!

─ Nada. ─ ella sonreía y volvía a sus cosas con una disimulada sonrisa en los labios.

Decidí que lo mejor era pasar la noche en la sala del trono. Y mi sorpresa fue mayúscula cuando fui a inspeccionar el palacio. Esta vez sí, las puertas estaban rotas y las barricadas destruidas, había armas y sangre por todas partes. La defensa debió ser desesperada.

Sala tras sala, pasillo tras pasillo, todo olía a muerte. Pero ni un solo cuerpo. Decididamente dormiríamos en una de las torres de la muralla ya que este no era un buen sitio. Además desde lo alto podría vigilar los alrededores y el interior de la ciudad ya que no acababa de fiarme de nuestra soledad. Según iba desapareciendo la luz mis pensamientos se inundaban de sensaciones que se mezclaban con formas y sombras. A veces la mente te juega malas pasadas, otras simplemente te avisa de que algo extraño pasa…

Cuando la luna estaba ya en su trono gobernando la noche y Isa se había dormido después de un cuento sobre un valiente enano y un dragón malvado que protegía un preciado tesoro nos encontrábamos Dela y yo, a solas sobre las almenas de una de las torres de la muralla, que por tener una sola entraba había elegido para pasar la noche.

─ ¿En qué piensas?

─ Qué… en nada. Tan solo miraba las estrellas.

─ Yo pensaba en mi casa, en mis amigas. En las tardes de verano fuera de los muros de palacio. En el bullicio de la ciudad. En los comerciantes gritando sus ofertas por las calles. En lo que era un baño de agua caliente y una comida cocinada con especies por una anciana cariñosa y tierna. En la sombra de los cerezos y sus flores rosas perfumadas… en el tacto del terciopelo y en un colchón blandito…

No pude evitar sonreír. ─ Lo más cómodo que he podido tocar es el lecho caliente y sucio de una posada. Me he criado entre el bosque y el camino. Esta es mi vida, siempre lo ha sido.

─ No me parece justo.

─ Ya, pero las cosas por desgracia son así. Unos viven en palacios y comen manjares y otros duermen al raso y mendigan pan duro. ─ coloqué mi brazo por sus hombros y la pegué a mi cuerpo.

─ Las cosas deben cambiar. ¿Las cambiarías conmigo, Eneasun? ─ su mirada se clavó en mis ojos. No podía casi reaccionar y comenzó a tambalearse mi pulso.

Acaricié su cara con mi mano áspera del trabajo mientras me hundía en el mar de su pupila…

─ Dela… ─ sonreí ligeramente. Quería besarla pero no debía. Ella era una noble y estaba bajo mi protección. Recuerdo todas aquellas clases y lecciones de ética que había recibido desde que me marché de casa. El honor, el deber y todas esas cosas.

─ Moriría porque durante un solo segundo fuéramos iguales.

Allí, en lo alto de una torre amurallada que parecía flotar en un mar plateado que se ondulaba con cada brizna de aire, bajo la luz de la estrellas en una noche fría y clara de principios del invierno. Allí, bajo la atenta mirada de una luna creciente bajo el cobijo de la oscuridad y la complicidad del silencio nos besamos como nunca había besado a nadie…

(continuará...)

5 comentarios:

Friki nivel 21 dijo...

Te pedíamos sangre y nos das amor. puff! desilusión.

Nah es broma no está nada mal y le da fundamento a la historia. Espero que dentro de poco haya algo de acción

Anárion dijo...

Era de esperar la historia de amor, como debe ser en toda novela épica que se precie xD. La verdad es que te ha quedado bastante bien, solo tengo una "pega" te recomiendo que revises el texto en busca de los miticos errores del teclado y te fijes de no repetir cosas en la misma frase. Quitando eso te ha quedado genial. Por cierto no esperaba que actualizases otra vez tan pronto, me haces parecer mas vago aún xD.

Bueno tio, cuidate y nos vemos el lunes en el tigus!

Anónimo dijo...

No me sorprende la historia de amor. Pero de vez en cuando no venía mal algo más de acción.

Luar de inverno dijo...

Pues yo creo que es super romántico y que es el verdadero argumento de toda la "novela" ya que sin esa historia de amor no tendría más argumento que la acción. Sólo sería guerra.

Por no decir que Luis escribe muy bien cuando mantiene ese estilo cercano e intimista suyo. Le da un toque personal especial, creo.

Besitos.

L. Celeiro dijo...

Anárion no pienso corregirlos, estoy vago. xD

En cuanto a los demás me gustaría que me dijeran sus opiniones sobre la historia, tanto sobre el argumento como sobre el estilo porque ando probando cosas nuevas y aún no he encontrado lo que quiero.

Nada más, gracias por leerme y por comentar.

Un saludo!