Perdim-me entre as brêtemas do coraçom e as árvores da razom...

Proyecto Novela Épica (8ª parte)

Sombras en la oscuridad

A primera hora de la mañana, cuando la luz del alba apenas lograba colarse por encima de las lejanas montañas llegó un jinete exhausto. Entre las continuas y enfatizadas respiraciones nos comunicó que unos quinientos hombres se encontraban cerca, acampados en una colina al norte de Lagash, que él era un mensajero que debía recorrer las ciudades del oeste desde Brunish a Kish en busca de todos los refuerzos que pudiera juntar y que las órdenes provenían de Eramis.

Esto aportaba nuevos datos, no solo el reino élfico de Elos estaba arrasado, las tinieblas habían cruzado las montañas del oeste y por lo visto las fortificaciones de la zona de los tres ríos no había logrado resistir. Eramis, el hermano pequeño estaba al mando, nada bueno, seguro. Y por otro lado que las tropas no estuvieran defendiendo Lagash sino acampados fuera de los muros de la ciudad tampoco era un dato tranquilizador.

Tras dejar que el mensajero se recuperara partimos al noroeste hacia el paso, mi idea era llegar lo antes posible a ese campamento. No lograba comprender nada, no sabía contra que combatíamos ni como habían avanzado tan rápido. Los pocos hombres que habían sobrevivido estaban prácticamente en shock, no eran capaces de describir de forma coherente a esas cosas. Seguía sin creerme que todas las tropas y la población civil del reino hubieran perecido en una noche. No podía ser… Urartu era un reino fuerte, sus ciudades estaban bastante bien situadas y fortificadas, sus tropas a pesar de depender de las milicias de ciudadanos gozaban de buen entrenamiento y equipo. Las cosas no encajaban. Por no decir que Elos no podía haber caído. ¡Eso es imposible!

A medio día partimos Dela y yo a caballo hacia las montañas. Después de hablarlo con ella acordamos ir por el camino que más se acercaba al norte para rozar las fronteras de Elos con el fin de aclarar el estado de nuestros aliados. Teníamos demasiadas preguntas sin respuestas.

Durante horas cabalgamos sin descanso por los senderos desiertos de Urartu. Cruzamos villas y poblados desiertos. No había nadie en las calles y, aunque no paramos para mirar dentro de las casas, puedo afirmar que allí no había ni fantasmas.

El día fue pasando a lomos de aquellos sacrificados corceles y cuando la luz estaba ya desapareciendo nos detuvimos en una pequeña aldea que estaba al borde del camino. A día de hoy sigo sin saber su nombre.

La aldea era más bien reducida, cinco o seis casas pequeñas, un establo y un molino. Tras dar un par de vueltas y comprobar que no había ningún peligro Dela escogió una de las casas para pasar la noche, yo, accedí puesto que era de las pocas que tenía el techo en buen estado y las paredes parecían más gruesas que las del resto. Una sola entrada, estrecha, sin ventanas ni orificios por los que nos puedan flanquear, era un sitio perfecto para pasar la noche.

Mientras Dela preparaba los petates para la noche yo recogí algo de leña. Una vez dentro encendimos un fuego y preparamos un poco de caldo de verduras y carne con alimentos que había en la casa. Tras la cena, durante la que conversamos amigablemente sobre nuestro entrenamiento, salí de la casa y subí a lo alto del molino, el edificio más alto de la aldea.

Trescientos sesenta grados de tranquilidad y silencio. Ya era de noche. Las estrellas brillaban en el cielo y una luna, pequeña y alargada, iluminaba la planicie dotándola de un tono metálico. Tras comprobar que todo estaba tranquilo volví a la casa y me senté en mi petate entre la puerta y las brasas que luchaban por no apagarse.

Guardias de tres horas, era justo, además ella se había empeñado a colaborar con las guardias. La primera me tocaba a mí. Esperaba una noche tranquila…

Pasadas las tres horas en las que me había dedicado exclusivamente a mantener vivo el fuego, descontando algunos minutos en los que masticaba trabajosamente un pan duro, desperté delicadamente a Dela. Era su turno.

― ¡Eneasun, despierta! ― no se cuanto tiempo había pasado, pero seguro que no mucho. Entre vacilaciones y bostezo me levanté lentamente y recogí mi espada.

― ¿Qué pasa? ― pregunte aún entre el mundo de los sueños y el mundo real.

― Escucha, ¿no lo oyes? ― tras unos segundos en silencio pude oírlo. Eran llantos, seguramente de una niña pequeña. No estaba lejos, seguramente en la casa contigua.

Dela salió y se dirigió rápidamente hacia los lloros. Me di cuenta de que no llevaba sus armas. Entró en la casa dando voces, llamando a esa niña y diciéndole que se tranquilizara.

Mientras tanto yo estaba fuera, en la calle, entre las dos casas. Todo a mí alrededor era oscuridad. No sé porqué pero apreté la vaina de mi espada con fuerza y aferré la empuñadura.

Los pelos se me erizaron. Una brisa fría recorrió mi espalda y onduló mi pelo. Una extraña sensación atravesó mi mente nublándola con pensamientos oscuros… Me di la vuelta bruscamente desenvainando mi espada… tan solo oscuridad. De repente Dela salió de la casa con un bulto en los brazos. ¡Dioses! que susto.

― Aprisa, entra. ― mi voz sonó temblorosa.

― ¿Qué pasa, qué has visto? ― preguntó Dela mientras dejaba a la niña sobre el petate y recogía su espada.

― Sombras en la oscuridad. ― respondí secamente mientras intentaba adivinar que se ocultaba en la noche a través de los agujeros en la puerta de madera.

No pude dormir en toda la noche. Me sentía asediado por una sombra que no podía combatir. Más de una vez se me pasó por la cabeza salir en su busca, enfrentarme a lo que fuera aquello, pero esta vez pudo la razón, o quizá el miedo que me atenazaba y que me impedía soltar la empuñadura de mi espada.

Las cosas se complicaban. El tiempo pasaba rápidamente y mis preguntas no encontraban respuestas. Nuestro avance era lento, ya nos habíamos retrasado demasiado y ahora teníamos a una niña pequeña con la que cargar. Las cosas estaban realmente mal…

(continuará...)

5 comentarios:

Hada del lago dijo...

Voy a tener que ponerme al día con tu novela... por culpa de la falta de tiempo creo que tengo algun capitulo sin leer. Pero retomaré mi lectura, que tus textos son muy interesantes! =)

Bikiños!

AntonioIglesias dijo...

Sigues consiguiendo ese puto estado en el que uno lee la historia una vez y quiere más y como eres un cabrón y la vas colgado poco a poco, (según la vas escribiendo hay que reconocerlo) tras leer cada parte dos veces sigo queriendo más.

Felicidades, lo has vuelto a conseguir. xD

Friki nivel 21 dijo...

"Sombras en la oscuridad" mmmm, no está mal aunque falta acción.

Como bien dice Antonio sigues en tu línea aunque se nota que dedicas más atención o esfuerzo a otros relatos cortos, sobre todo por el toque intimista de otros escritos tuyos.

Un saludo desde un mazmorra dejada de la mano de los dioses.

Anárion dijo...

Genial, tenemos un enemigo poderoso que no puede ser derrotado por metodos convencionales, eso mola. Pero a ver que debilidad le pones, porque por todos es sabido que no hay enemigo invencible, y que todo enemigo que es excesivamente poderoso, es excesivamente vulnerable a ese algo xD. En fin a ver que se te ocurre para derrotar a esas bestias. Espero la continuación, como siempre nos dejas ahí en lo mas interesante ¬¬.

Enga saludos y a seguir con ello!

Marcos dijo...

Bestias que no pueden morir, ¡mola!

Estoy deseando que cuelgues ya el siguiente.

A ver si me hago yo un blog uno de estos días.