Perdim-me entre as brêtemas do coraçom e as árvores da razom...

Proyecto Novela Épica (13ª parte)

Bueno, aquí una parte más de mi mini-novela. Nos encontramos en un punto intermedio entre el principio y el final. No puedo precisar mucho porque esto va sobre la marcha pero tengo una idea de como quiero que acabe y no creo que se alargue demasiado.

Las ruinas de Elos

Durante días caminé por el bosque con mi pensamiento muy lejos. Reconozco que fui descuidado, imprudente, impulsivo. Pero todo me daba igual, sólo me preocupaba ella.

El bosque se fue haciendo más oscuro, más espeso hasta que la luz del sol apenas lograba colarse entre las ramas. Vivía en una noche perpetua bajo aquellos árboles.

Durante días había caminado por aquel bosque. Solitario. Silencioso. Incluso demasiado silencioso. No debía estar muy lejos de las puertas de la ciudad, o por lo menos de las torres de vigilancia de los elfos.

Casi no me quedaban provisiones. Era rarísimo pero no había logrado encontrar ni un solo animal que cazar, tan solo algunas frutas silvestres y unas raíces. Era un contraste con la parte menos espesa del bosque donde había cazado a aquel ciervo.

Las noches no diferían mucho de los días. Ahora, sin carga que proteger, me movía ligeramente más rápido. Camina todo el día parando algunas horas sueltas para reponer aliento, comer algo y dormir lo suficiente como para no perder la razón.

La noche y el día comenzaron a fundirse con cada hora de camino al norte. El bosque ya no era espeso sino que constituía un tejado perfectamente sellado por el cual estoy seguro que no podría pasar una sola gota de agua en un día de tormenta. Perdí la noción del tiempo…

Caminaba. Caminaba hasta que no podía más. Descansaba cuando estaba cansado. Comía cunado tenía hambre y bebía cada vez que me cruzaba con un riachuelo de agua plateada y fresca. Tenía que reservar tanto como pudiera el agua que transportaba en el odre, no fuera a ser que los manantiales desaparecieran y me quedara sin suministro de agua.

Algún tiempo después. No puedo precisar días ni horas. Mientras caminaba guiándome por el musgo en los troncos de los árboles, musgo que normalmente crece en el lado norte, pero que aquí parecía extenderse por todos los puntos cardinales sin importarle la dirección o simplemente para confundirme. No lo se.

Algún tiempo después….

─ ¡Quieto! ─ no lo había escuchado acercarse. No lo había visto. Ahora tenía una flecha a unos tres centímetros de mi cabeza, en un arco totalmente tensado.

─ ¡No te muevas, humano! ─ su tono despectivo y seco me indicó que no debía moverme. Ahora había otros dos que se deslizaban lentamente entre los árboles acercándose por mi retaguardia.

─ Bien, no me moveré, tranquilos, todos. ─ dije mientras le indicaba al elfo que tenía delante que sabía que eran más.
─ Bien, síguenos.

No me quedó más remedio que seguirles, y no veas que rápido andaban esos tres. Me costaba seguirlos. Juro haber escuchado como alguno se reía de mí mientras me conducían por lo que para ellos, en teoría, sería un sendero.

Era bastante raro que no me taparan los ojos, que no me ataran. Y la falta total de cortesía por parte de un elfo era muy extraña. Si bien era cierto que pocos visitantes había entrado alguna vez en Elos y, vuelto para contarlo. Era muy extraño.

Poco tiempo después, y digo poco tiempo porque no creo que aguantara ese ritmo durante mucho porque tanto mi orientación como mi percepción del tiempo no estaban demasiado claras, llegamos a unas puertas de madera labradas directamente en un tronco tan ancho como cinco hombres. Debía de ser la entrada a Elos.

El elfo que me había capturado recitó unos versos en un idioma extraño. No estoy seguro de que fuera élfico. No había aprendido a pronunciarlo correctamente y hacer frases largas me costaba mucho esfuerzo pero si sabía leerlo perfectamente. El caso es que no conseguí reconocer ni una sola palabra.

Al acabar y tras unos segundos de silencio absoluto las puertas se abrieron dejándonos entrar.

Sin duda estábamos en Elos. La ciudad estaba desierta, pero aquello tenía que ser Elos. Los árboles eran altos y gruesos como torres, con escaleras de madera ricamente decoradas que subían en espiral. En las alturas se podía divisar el suelo, las fachadas e incluso los tejados de las estructuras más bajas. Eran preciosas. El suelo de hierba clara estaba adornado con piedras de mármol pulido que hacían de camino. Había estado en poblados y pequeñas ciudades construidas por los elfos pero nunca había visto algo tan bello.

Los ríos de agua cristalina eran canalizados cuidadosamente para que todas las estructuras tuvieran acceso. Pequeños puentes de madera los cruzaban y altos y robustos molinos impulsaban el agua por las cañerías en sentido vertical para que alcanzara las más altas estancias. El aire era afrutado y la temperatura fresca, reconfortante.

Miles de pequeños faroles azulados iluminaban la ciudad de lo árboles…

Me dirigieron a una de las estructuras, situada a unos veinte metros de altura en uno de los árboles. Mientras subía la escalera pude contemplar la precisión milimétrica de aquellos detalles, sin duda realizados a mano por un artesano hace miles de años. La dedicación de éste pueblo a los pequeños detalles es algo impresionante.

Al final de la escalera nos esperaban dos columnas esbeltas y altas. Perfectamente talladas y sobre las cuales se encontraban dos pequeñas estatus en forma de halcón. No había puerta… Atravesando el marco penetramos en una instancia de madera. No era muy grande, seis o siete metros cuadrados como mucho. Sencilla, austera y a la vez impresionante. El suelo era totalmente liso, construido con pequeñas tablas simétricas. Sobre él habían colocado mantas en formación circular. A su lado se hallaban, de forma caótica, armas, comida y otros útiles de los soldados. En el centro había un hogar de metal, únicamente decorado por un relieve de hojas bañadas en oro.

En las paredes de madera barnizadas con alguna sustancia que les daba un tono claro, en contraste con el color que había apreciado desde abajo, mucho más oscuro, se encontraban algunas ventanas con adornos tallados de formas naturales, ramas, hojas, pequeños animales como ardillas o pájaros.

Era un lugar precioso y tranquilo. O por lo menos eso me pareció a simple vista.

─ Bueno… ¿qué vais a hacer conmigo? ─ pregunté de forma tímida, prácticamente resignado.

─ Nada. ─ una respuesta seca e inesperada. No lograba entender que pasaba.

─ Dinos, humano. ─ nos interrumpió uno de los otros. Era alto, esbelto, de piel clara. Su pelo era largo y prácticamente blanco. ─ ¿Qué ha pasado en vuestras tierras?

Estaba un poco desconcertado pero les conté prácticamente todo lo que sabía, obviando claro, algunos detalles de mi misión.

Después de cenar, por lo que me dijeron ellos, charlamos amistosamente hasta que poco a poco el sueño nos fue venciendo.

El reino de los elfos había sido atacado desde el norte por una columna de “espíritus de ceniza” que habían arrasado todo. Las líneas de defensa no lograron detenerlos y esos espíritus llegaran a la ciudad antes de que pudiera ser evacuada. No hubo supervivientes. Esos demonios atravesaron el bosque y siguieron su camino, sin detenerse. En una sola noche.

Apenas quedaban unas decenas de guardias que por encontrarse defendiendo las otras fronteras no fueron atacados. Su deber era defender la ciudad y eso seguían haciendo aunque ya no tuviera mucho sentido.

Me habían prometido provisiones y escolta hasta el linde norte del bosque. Desde allí seguiría al norte, a la tierra de los enanos donde según creíamos había comenzado todo.

No entendía muchas cosas. Como era posible que la ciudad estuviera prácticamente intacta y todos sus habitantes hubieran muerto, en una sola noche. Esos espíritus avanzaban y aniquilaban, no pretendían conseguir posiciones estratégicas ni provisiones. No tenía sentido.

Aparecían una noche y después se esfumaban. Por lo que sabía la mayoría de los ataques se habían producido en noches en las que la niebla era espesa aunque también se les había visto bajo la luz del sol cruzando las llanuras en dirección a Brunish.

Espero que Dela llegue antes que esas cosas y pueda salir de aquí a tiempo. Tengo miedo. Tengo miedo de no sabes a que me enfrento, parece que nadie puede pararlos y, sinceramente, creo que no estoy preparado para asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta a tantos interrogantes como se me plantean.

(continuará...)

5 comentarios:

Friki nivel 21 dijo...

Me alegra volver a seguir esta historia.

Parece que las cosas se animan, aunque despacio. Por lo menos nos has dejado una "descripción", son Espíritus de ceniza que provienen de los reinos de los enanos....

Espero la siguiente parte y te pediría que no intentes terminar la historia muy rápido. Que la idea central da para mucho.

A l o n d r a . . . dijo...

Jajajaja, eres un curioso! Esa niña nunca existió, yo pensé… bueno, yo pensé que estaba ahí, pero no fue así… En fin, al menos todo sigue como antes, yo con él y solo él, y si, es amor.


Saludos estimado, besos!

A do outro lado da xanela dijo...

mmmm... cando poder ler inda que só seña un borrador seguido?

isto de ila poñendo en retais... mata coa curiosidade!

bico!

José Manuel Cecilia Contreras dijo...

Me encanta la última parte de la historieta que has escrito.

Espero que algun día la publiques completa, para ver si puedo leerla desde el principio...

Porque por aqui por el ordenador me mareo si miro mucho la pantalla!jeje

Salud y República!

Anárion dijo...

Asi que ya sabemos como les llaman a esos seres. Esto se pone cada vez mas interesante. Haber para cuando la continuacion jeje.

Saludos!