Perdim-me entre as brêtemas do coraçom e as árvores da razom...

Proyecto Novela Épica (15ª parte)

Aquí la siguiente parte, espero críticas del estilo ya que no estoy muy seguro de que la narración sea buena por este camino. Esta parte es muy "jodida" de escribir.

El martillo de Thorak

Ante mi se alzaba puerta sur del reino de Thorak. La frontera y única entrada a los valles del norte, justo en el extremo occidental de las cordilleras de hierro, hogar de los Titanes. Una nube de humo se elevaba en el cielo oscureciéndolo todo, hacia cientos de años que las fraguas no se encendían...

Nada más cruzar aquellas puertas de piedra, custodiadas por un par de enanos defensores totalmente acorazados que no pusieron ningún reparo en dejarme pasar tras ver mi amuleto, me di cuenta de que las cosas no iban del todo bien…

Aunque me alegraba de ver gente con vida, las salas de aquella frontera estaban llenas de familias, heridos… parecía un campamento improvisado para una multitud de refugiados.

Me dirigí a uno de los guardias…

― Me gustaría reunirme con el rey Thorak, de ser posible.

Después de observarme de arriba a bajo, aquel enano, cargado de libros de cuentas y listados de provisiones hizo un par de gestos y uno de sus ayudantes fue designado para escoltarme.

― El rey le recibirá tan pronto como sea posible, Tarkel, llévalo a la puerta norte.

Nada más salir al exterior la imagen que tenía se me clavó en las retinas. ¡La Fragua de los Titanes!

El humo no sólo salía de las herrerías enanas, sino que la Fragua de los Titanes estaba encendida. No podía salir de mi asombro. Durante unos segundos mis ojos se perdieron en el humo que ascendía de forma violenta hasta que desaparecía en las nubes grises, casi negras, que cubrían el horizonte.

¡Booom! ¡Brrrummm! El sonido de la artillería me sacó de mi estado. Ante mi se presentaba toda una batalla…

― ¡Fuego!

En las laderas en forma de C se habían dispuesto bajo parapeto de piedra un sinfín de cañones que habrían fuego. Más abajo cubiertos por parapetos de madera y barricadas de ladrillos los fusileros disparaban de forma constante. Dos líneas de fusileros abrían fuego mientras otras tres recargaban los mosquetes en un acto de precisión y coordinación sin precedentes.

Delante de dos fosos de agua se encontraba una línea de barricadas provisionales donde unidades de infantería hacían fuego de apoyo con granadas y ballestas. Sin duda los enanos sabían como combatir. Nadie habría aprovechado mejor el terreno. Todo estaba donde tenía que estar.

La primera línea, dividida en tres partes de igual tamaño la formaba una densa falange pesada. Estas formaciones enanas eran insuperables para prácticamente cualquier ejército.

― ¡Aguantad!

Los elementales, pues ahora que los veía no tenía claro su procedencia espectral se lanzaban por oleadas contra los muros de lanzas sin conseguir atravesarlos....

― ¡Resistid firmes!

Las balas zumbaban por todas partes, los elementales salían por miles de las puertas reventadas de la Fragua. No podía entender nada.

― Es como intentar detener el mar. Por muy dura que sea la roca siempre acaba rompiéndose. ― dijo Tarkel mientras la infantería ligera cargaba por el flanco derecho para recuperar una línea de barricadas temporalmente perdida.

Ahora me parecía normal que nadie pudiera describir a aquellos seres. Sus formas eran dispares, altos, bajos, anchos, delgados… aunque tenían aspecto de humanoide no podría decir claramente cual era su forma. Lo que tenía claro era que sus cuerpos estaban formados por una materia negra incandescente y portaban armas del mismo color.

― ¡Concentrar el fuego en el centro! ― gritaba un maestro artillero.

Los enanos combatían como un solo ser, atravesando a esas cosas con sus armas. Los cuerpos incandescentes atravesados por la metrallan se deshacían en brasas que caían al suelo para al cabo de unos segundos volver a levantarse bajo una forma diferente. ¡Era cierto! No se les podía matar.

― ¡Resistid! ¡Resistid a cualquier coste! ― gritaban desde el centro de la falange.

Los enanos empezaban a perder terreno. El combate seguía siendo muy intenso. Sin descanso. Una y otra vez las descargas de fusilería arrasaban las líneas enemigas mientras la artillería barría bloques enteros de esas cosas. No había descanso. No había tregua. Era una lucha sin pausa.

¡Brooooomrrr! Un cañón agotado por el esfuerzo acababa de reventar hiriendo a sus artilleros.

Era cuestión de tiempo que las líneas se rompieran y esas cosas lo arrasaran todo…

El suelo estaba quemado, los árboles y la vegetación habían desaparecido, al igual que la nieve. Aquel lugar no parecía un valle del norte sino un valle del propio infierno.

― ¡Seguid disparando! ¡Por Thor!
Entre las explosiones del centro pude observar un agujero bastante hondo del que salía una luz roja intensa. Estaba a unos veinte metros de la línea de defensa. Decenas de elementales saltaban a su interior y desaparecían.

― ¡Artillería al centro! ― gritó el maestro artillero con todas sus fuerzas y en menos de una fracción de segundo todos los cañones de los laterales comenzaron a rotar para encañonar la zona central del campo de batalla.

Del agujero emergió una enormidad, un tremendo golem de ceniza. Medía unos quince metros de altura y era más ancho que seis hombres hombro con hombro.

― ¡Fuego!

La artillería lo despedazó en cuestión de segundos. Aquellas cosas podían fundirse y transformarse a voluntad. Era una pesadilla.

A pesar de todo, los enanos estaban destinados a la derrota…

― ¡Allí, mira! ― dijo Tarkel señalando un saliente en la roca que se elevaba sobre la línea artillada en el este.

Un enano imponente. La armadura de mitril brillaba incluso en aquella tarde sin sol. Parecía mucho más grande que cualquier otro de su raza. Ataviado con un yelmo dorado que le cubría totalmente la cabeza estaba erguido sobre aquella roca, observando el combate. Inmóvil en las alturas. Parecía un dios…

En su mano derecha un martillo con la punta fundida. Aunque me parecía extraño muchas armas mostraban esos signos. El interior de los elementales debía de estar incandescente. En su mano izquierda un cuerno de plata…

Durante unos segundos observó las nubes, el cielo. Y fue entonces, cuando el flanco derecho se derrumbaba por el empuje de aquellos monstruos cuando hizo sonar su cuerno.

¡Auuuuum! El sonido se alzó sobre el estruendo del combate recorriendo el valle. Al instante todo se detuvo como si el tiempo se hubiera parado en seco.

¡Auuuuuuuuum! El silencio fue roto nuevamente por aquel cuerno. Los combatientes inmóviles se mantenían expectantes…

¡Auuuuuuuuuuuum! Con el tercer soplido comenzó a llover con intensidad. El agua caía y caía a la vez que una bruma rojiza se levantaba sobre la masa de elementales.

―¡Aúh! ― gritaron todos los enanos mientras alzaban sus armas al cielo. Había comenzado a tronar. Los relámpagos iluminaban la tierra produciendo destellos sobre las corazas. Cada vez llovía más…

Los elementales se deshacían paulatinamente. Se deformaban y caían al suelo. Se apagaban.

Fue entonces cuando un grupo de grifos alados, con sus caballeros montados encima, descendió en picado arrasando con aquellos que se mantenían en pié.

― ¡Aúh! ― volvieron a entonar las tropas de tierra.

― ¡Thor está con nosotros! ― gritó el líder de la falange central mientras ésta comenzaba el avance.

La artillería y los tiradores retomaron sus tareas bajo aquella lluvia. Muchos se habían quitado los yelmos para que el agua refrescara sus caras. No había duda, la batalla estaba ganada.

― ¡Apartad! ― gritó un enano montado en una cabra que acababa de salir por la puerta norte. En su coraza de mitril se podía ver claramente un arañazo y la palma de una garra fundida. ― ¡Dejad paso!

Veinte enanos a pecho descubierto tiraban de cuerdas en formación de a cuatro. Detrás de ellos cincuenta cabras de carga realizaban la misma tarea. Todos empujaban un carro que portaba dos puertas de acero reforzado.

― ¡Esperemos que esta vez no lo fundan! ― dijo el guerrero montado. ― ¡Jajaja! Al final si que hubo tormenta. ― exclamó mientras se alejaba rumbo a la Fragua.

― Eneasun, el rey te recibirá ahora, sígueme. ― antes de seguir a Tarkel volví mi mirada al saliente, ya no estaba aquel guerrero…

Entramos de nuevo en la ciudad, recorrimos varios pasillos, cruzamos varias puertas que estaban siendo reforzadas hasta que llegamos a una escalera custodiada por dos guardias.

Nos abrieron la última puerta y entramos en una sala llena de mesas donde había maquetas y decenas de libros y pergaminos. Era el centro de mando.

En una gran mesa una disposición de la batalla perfectamente colocada y, a su alrededor cinco maestros discutían sobre los pormenores del enfrentamiento cuando…

― No podemos seguir así. Dependemos del clima, de la suerte. ― su voz era serena, sincera y tranquila. ― Además, no podemos confiar en los montaraces, el flanco cayó dos veces y no lo dieron recuperado. Nos quedamos sin tropas auxiliares y las que tenemos o son poco numerosas o poco experimentadas o arrastran demasiados heridos.

Era él, ahora lo veía con claridad. La armadura lustrosa y finamente decorada. El cuerno de plata atado al cinturón junto a… sí, era un medallón de la orden. Era un vigilante.

― Mi rey, un mensajero del sur. ― dijo Tarkel mientras se inclinaba.

― Mi nombre es Thorak, que noticias me traes del sur, hermano.

Tras arrodillarme ante él dije. ― No muchas, salvo que Elos y Urartu han caído y que ha comenzado la evacuación del continente. He venido a buscar respuesta para muchas preguntas con el objetivo de poder combatir a esas cosas.

― No hace falta que te arrodilles, hermano. Bien. Necesitas respuestas. Aquí no tengo ni medios ni tiempo para responderlas pero en la Gran biblioteca de los exploradores podrán hacerlo. Tarkel escóltalo y asegúrate de darle todo lo que pida.

Mientras salíamos pude escuchar como los maestros discutían sobre las posibilidades de seguir resistiendo.

― Están desviando el río subterráneo para intentar apagar la fragua. Y los maestros herreros funden el metal de los titanes para reconstruir las puertas. ― parecía nervioso ― hace dos días dinamitamos toda una montaña para tapar una salida secundaria por la que estaban saliendo.

Tarkel me dejó en la biblioteca. Allí, entre miles de libros ciscados de forma caótica se encontraban siete sacerdotes ocupados en la dura tarea de encontrar respuestas.

Nada más verme, el mayor de todos ellos se acercó y me dijo:

― Supongo que tendrás preguntas que quieres que sean respondidas. Habla.

Le conté todo lo que sabía y obtuve muchas respuestas.

Aquellas cosas no tenían nombre. Las leyendas de los Titanes contaban que estos cuando crearon la Fragua con la que forjar armas capaces de acabar con los dioses encendieron un fuego incontrolable. Era la única manera de fundir aquel metal. Para su construcción emplearon una mena gigante con forma circular en la que durante casi mil años fueron excavando, pacientemente, una entrada y posteriormente la fragua en sí.

Fue el mismísimo Thor quien, tras derrotar a los Titanes y con la ayuda de los primeros maestros fundió una puerta irrompible con la que sepultar la fragua para siempre.

Por lo visto no había sido para siempre. Los enanos no sabían como ni exactamente cuando pero las puertas se habían abierto dejando salir a aquellos seres de fuego y carbón.

Que nadie supiera su forma era lógico pues al igual que el fuego, esas criaturas se moldean con el viento y se adaptan a las superficies sin dificultad. Se combinan, se separan… y no mueren hasta extinguirse por completo como las brasas de una cocina, se mantienen latentes hasta que son reavivadas de nuevo.

Aunque estaban dotadas de cierta inteligencia no se creía que tuvieran una autonomía individual, pues siempre se movían en oleadas que avanzaban en todas direcciones hasta apagarse por completo, eso si, aniquilando todo a su paso. Como un fuego que primero acaba con los seres que habitan el lugar para después convertir todo en cenizas consumiendo hasta la última brizna de hierba.

Que se les viera mayormente en las noches de niebla tenía fácil explicación. Pues en las noches los vientos del norte son húmedos y al contacto con sus cuerpos estos desprenden nubes de vapor que crean profundas y densas nieblas a su paso. En cambio, durante el día, el sol evapora la humedad del aire, haciendo de su avance por lo menos algo más discreto.

Cuando acabaron mis preguntas el anciano me entregó un libro que le acaban de dar, recién escrito.

― Toma, es todo lo que sabemos sobre ellos. Llévaselo al rey Thorak.

Volví al centro de mando para darle el libro a Thorak. Nada más llegar:

― Bien, ya han acabado. Jovencito, tengo una misión muy importante para ti. Debes llevarle este libro a nuestros hermanos. Nosotros intentaremos pararlos. Intentaremos cerrar la Fragua mientras nos quede algo de sangre en el cuerpo. Es nuestra obligación ganar tiempo para que algunos puedan salvarse.

― Pero yo… ¡quiero luchar!, deseo quedarme aquí. Puedo ser de utilidad, te lo aseguro. ― dije lo más convencido que pude. Realmente estaba aterrorizado y el solo hecho de acercame a una de esas cosas me ponía los pelos de punta.

― ¡No! Es mucho más importante que lleves ese mensaje. Habría enviado a uno de mis veteranos. Pero al estar tú no hay nadie mejor para cumplir esa misión. Viniste en busca de respuestas, ya las tienes. Ahora cumple con tu cometido.

Me escoltaron a una de las torres más altas. Se elevaba sobre las nubes, en lo alto de uno de los picos de la cordillera. En ella se encontraba mi transporte. Un grifo de color marrón claro. Nunca había volado.

― Este amiguito te llevará, no lo dudes. Volará mientras le queden fuerzas. Suerte. ― dijo Tarkel mientras bajaba las escaleras de caracol de la torre.
(continuará...)

10 comentarios:

Anárion dijo...

Un capítulo interesante, si bien creo que estas acelerando mucho el argumento, claro que es mi punto de vista. Aunque claro si quieres crear esa sensacion de que el tiempo apremia y que hay que darse prisa, entonces supongo que está bien. Bueno esperemos que no se nos muera el pobre Eneasun. A ver como sigue esto.

P.D: Por fin ha habido accion. ¡Viva!

L. Celeiro dijo...

Esa es la idea, el tiempo corre en su contra. Y para aclarar otras dudas que me acaban de plantear por msn desde la Coru:

Cuando un trozo de madera arde en el fuego, es éste (el fuego) el que recorre su superficie con cada golpe de viento buscando aquellas partes más secas, mas sensibles... aquellas grietas por las que penetrar en el interior.

Despues, poco a poco, la superficie se va quemando. Lentamente la madera se consume hasta que sólo quedan las cenizas.

Eso explica la expansión de los "elementales de ceniza" que matan a su alrededor sin causar grandes daños en el paisaje, salvo en el territorio de los enanos donde llevan mucho más tiempo y su huella es más profunda.

Nota: Robarte la idea a Anárion. xD

Mirad esto:

http://www.dailymotion.com/gb/video/x93zji_the-hunt-for-gollum-hd-version_shortfilms

Anónimo dijo...

Buaaaa! Genial!

Te has superado. Me ha encantado y quiero más.

AntonioIglesias dijo...

A mi me ha gustado mucho. Por fin ha llegado la acción.

Esperemos que en la siguiente parte no decaiga.

Lim dijo...

Muy interesante, nos estas manteniendo en vilo hasta el proximo capitulo, me gustaria que describieras un poco mas las acciones,para que uno se meta mas en la historia.
Aun asi, esta muy entretenida,felicidades,un abrazo.

Friki nivel 21 dijo...

Fantastico!!!

Quiero más batalla, más enanos, más guerra!!

Te pediría como favor especial que me reescribas la batalla siendo mucho más preciso y con muchos más detalles.

A do outro lado da xanela dijo...

tal vez antes de pensar sobre si está ben escrito ou non deberias botarlle unha ollada ás distintas partes da novela xuntas, lelas seguidas e ver cales son os puntos que quedan máis escuros ou que precisan reescribirse ou mesmo ser borrados.

Pouca axuda pódoche dar se a leo por pedazos... pero farase o que se poida.
Bico!

Luar de inverno dijo...

Votase de menos o romanticismo. Ese estilo intimista que tan ben sabes escribir.

Non sabemos nada de Dela, a ver se nos contas algo.

Biquiños Luis

Dorn dijo...

Gracias por aclarar el tema del fuego con tu comentario ;-)

No he tenido mucho tiempo para leer todas las anteriores pero creo que te está quedando bastante chula.

Coincido con el friki en que sería bueno que hubiera mucha guerra, aunque la historia de amor tampoco es mala.

Espero que la siguiente parte sea impresionante. No nos defraudes.

Gimli dijo...

Asique tu personaje del WOW se convierte en un gran héroe.... jejeje