Perdim-me entre as brêtemas do coraçom e as árvores da razom...

Yo, desertor

El estado como garante de valores universales, defensor del bienestar social y último bastión frete al desastre es una patología de la que es complicado desprenderse.

Se trata, sobre todo, de una ficción. Una actitud similar a la de los creyentes religiosos. La diferencia radica en que buscan en el Estado la protección que un duende, un dragón o un dios no puede darles. La divinización del estado.

A medida que el “estado de bienestar” se desmorona amanece el enfrentamiento entre aquellos que desean el Orden y aquellos que prefieren continuar en el caos.

La crisis actual crea una ocasión de carácter épico, en el que se nos vería de la mano a todos juntos combatiendo al mismo tiempo las desigualdades, el cambio climático y las discrepancias culturales, morales, ideológicas o de cualquier tipo denominadas “Terrorismo”.

Todo esto, constituye algo que nuestra generación, acostumbrada a las crisis (económica, financiera, social, ecológica, ideológica, moral, identitaria…) no puede admitir sin dificultad.

Si bien es cierto que la actual oligarquía nos permite elegir entre numerosas (o no tanto) opciones parlamentarias que no hayan sido previamente ilegalizadas, haciendo de este modo uso de los términos democracia y sufragio universal de una manera cuanto menos sesgada por no decir totalmente errónea para intentar en vano legitimar una oligarquía económica fundamentada en el capital y con el apoyo de las instituciones nobiliarias y religiosas.

Ada día es más obvio que mediante elección de transición únicamente se consigue alejar, de forma constante, la posibilidad de alcanzar la utopía. Afortunadamente uno, acostumbrado a las crisis, nunca se cansa de las traiciones y desencantos.

“Las organizaciones son un obstáculo para organizarse” Anónimo.

Si partimos del concepto de que organizar no es dotar de estructura a la impotencia sino tejer una enmarañada red de enlaces orientados en torno a una idea, entorno a un programa sencillo y estructurado. Es sin lugar a dudas, en las casas ocupadas, en la sombra de los bares, en las universidades, granjas y talleres donde se encuentra la potencia creadora. No en viejas siglas desgastadas.

“Desertar de la política clásica significa cavar una trinchera en el corazón del enemigo” Anónimo.

Dos siglos de capitalismo y nihilismo mercantil han desbordado en tan extremas consecuencias. Por ello el individualismo debe ser desterrado, colocando a la sociedad en contra de la propia idea de hombre.

Es el comunismo como supuesto y como experimentación. Como reparto, evidencia de lo común, unión de lo dispar y motor del cambio. Es el comunismo como nombre, como bandera de todos aquellos mundos que resisten la “pacificación” del Imperio. Es el comunismo el símbolo de todas las solidariedades y esperanzas futuras, de igualdad y justicia. COMUNISMO.

Soy consciente de que se trata de un término que hay que utilizar con precaución. No tanto porque se halle en desuso sino, porque es “el enemigo” quien lo ha usado y lo sigue usando.

Rechazar su conquista, teniendo en cuenta que ciertas palabras son campos de batalla cuyo sentido y significado es en sí una victoria, reaccionaria o revolucionaria dependiendo del vencedor de la batalla dialéctica es un deber militante.

La posibilidad de que se propague una idea, anónima, y se disemine de forma que los organismos encargados de garantizar la libertad de expresión no puedan detenerla, contaminarla o silenciarla, es suficiente presión sobre el estado, como para que este envíe a las fuerzas represivas de cualquier tipo (policiales, medios de comunicación, judiciales, religiosas) a acabar con el responsable y con el mensaje.

No puede haber grandes dudas de que será la juventud la primera en tomar por la fuerza el poder. Los últimos años, desde la primavera del 2001 en Argelia, el invierno del 2008 en Grecia; pasando por Alemania, Francia o España (Revueltas estudiantiles en las universidades), siendo también notable el aumento de la conflictividad en los países nórdicos donde el estado social aun no se encuentra tan deteriorado (Copenhague 2009) han sido anuncios en este sentido.

La tradición querría que todo comenzara por un movimiento social, un movimiento de base. Estudiantes e intelectuales de la mano que van de paseo a las fábricas y obras. No será así. En un momento en el que la Izquierda, que no acaba nunca de descomponerse, busca cobrar la credibilidad en la calle sin abandonar los despachos del poder, esto no sería posible. No hay más que ver como en cada movilización estudiantil aumenta la distancia entre las organizaciones y los estudiantes.

Los sindicatos son parte del estado , los partidos mera marionetas del sistema electoral cuya única utilidad es legitimar el bipartidismo con su presencia y, mantener a la población dentro del juego. En los despachos con calefacción se está mejor que en la calle con los obreros, ésta frase define perfectamente la actitud de nuestro políticos.

Es en ese espacio, entre la chispa y los bomberos donde debemos cavar nuestra trinchera. Grecia nos ha enseñado que el acercamiento a la socialdemocracia sólo puede traer la derrota revolucionaria, el inmovilismo y la continuidad de la explotación capitalista.

Tanto desde las ortodoxas posiciones de algunos compañeros, como desde los ignorantes lugares de los ciudadanos que se autodefinen como “apolíticos”, surgirán dudas sobre el proyecto. No se trata de elaborar un diseño de lo que debiera ser, ni trazar un complicado diagrama de sucesos con intrincadas fórmulas y fechas cronometradas que cumplir. No se trata de organizar una revolución, sino de devolver la posibilidad de la insurrección, de la sublevación popular frente al poder, frente a la injusticia.

En el momento en el que miles de jóvenes se tomen en serio la idea de desertar y sabotear este mundo, el poder se encontrará desorientado, perdido.

Sin intereses económicos y mercantiles que sustraer, sin células organizadas que encarcelar, ni líderes carismáticos que destruir. Habiendo perdido la posibilidad de deslegitimar o contaminar el mensaje, la chispa de la insurrección estará encendida.

Un nuevo Mayo del 68 no tardaría en llegar, pero, con una diferencia sustancial. Ahora el objetivo no sería la transformación de los valores culturales de la sociedad, algo que ya hemos conseguido y conseguimos cada día, ayudados por la globalización del mundo y el sistema de consumo capitalista; sino que el objetivo de dicha insurrección sería, indudablemente, la conquista del poder.

En un mundo donde emanciparse no es lograr la independencia de la figura paterna o materna, sino haber encontrado jefe. En un mundo donde conseguir un trabajo es un honor pero trabajar es una humillación. En un mundo donde la juventud es consciente de que sus padres fueron engañados, el error no puede volver a suceder. El único camino es la destrucción del mundo para poder construir uno nuevo.


1.- La guerra al diferente que conlleva el aumento del nacionalismo y la ficción del problema de la emigración.
2.- No voy a comentar el sistema electoral antidemocrático del estado español.
3.- Está bastante claro que los sindicatos oficiales son una herramienta de control social del estado. (Anarcosindicalismo básico. CNT AIT INSB: 84-920698-4-8)
4.- La uniformidad del capitalismo permite que la juventud se vea como un todo formado por el individualismo único de cada uno que construye su yo fuera de la sociedad. Sin diferencias de clase, religión o cultura, la juventud comparte una serie de valores que les permite, al contrario que a sus mayores, agruparse en un todo y por lo tanto ser germen de actitudes y comportamientos comunes.
5.- Aquel que pertenece a una realidad está condicionado por ella y, por lo tanto no puede desprenderse totalmente de ella. Por ello, su tarea no ha de ser construir una realidad nueva, sino destruir la vieja y asentar las bases de la nueva.

3 comentarios:

AntonioIglesias dijo...

Interesante perspectiva, quizá un poco radical para mi gusto.

De todas formas, tal y como estan las cosas no creo que nadie levante la voz. El peor enemigo de la revolución es la televisión.

Anónimo dijo...

Todo el poder para las comunas!!

Bolchevique dijo...

Cuanta razón tienes compañero.