Perdim-me entre as brêtemas do coraçom e as árvores da razom...

Proyecto Novela Épica (19ª parte)

Pesadillas

Calor sofocante, calor que no te deja respirar, calor húmedo, sudor que te inunda, sudor que se escurre por todas partes, ropa empapada que se pega que te agarra y aumenta el calor y la humedad.

Traqueteo constante, como una sinfonía repetida de forma indefinida. Sensación de mareo, como si flotara sobre un mar revuelto. Calor constante. Calor. Hombro. Fuego. Hombro. Dolor. Hombro. Un dolor inaguantable como si lava fundida se hubiera posado sobre mi hombro.

Al intentar incorporarme una mano me sujeta. Abro los ojos. La luz entra por un túnel de tela marrón claro. El calor se puede ver. Madera, barriles, sábanas empapadas de sudor. Todo da vueltas rápidamente. Apoyo la cabeza en un cojín mientras me dejo caer.

Tienes mucha fiebre, descansa. ― una voz dulce a mi lado. Calor. Sudor. Un paño de agua fría sobre la cara. ― Descansa.

El traqueteo lo inunda todo de nuevo. Noto cada golpe, cada balanceo. El mareo es constante y el calor no se puede aguantar. Mi hombro arde bajo un paño húmedo.

Agitado, intranquilo sobre la dura madera mientras todo se mueve a mí alrededor. El calor aumenta. Mis ojos se cierran. Todo se nubla. Todo se oscurece. Todo se pierde menos el traqueteo que resuena en mis oídos. Constante. Continuo. Acompasado. Constante. Continuo …

La oscuridad se transforma. El negro se vuelve verde poco a poco. Un campo en una noche sin estrellas. No se donde estoy. La hierba es baja, prácticamente no sobresale a los lados de mis pies. Es una noche extraña, una noche sin nubes pero sin estrellas, sin luna. Como si la oscuridad se hubiera extendido por todo el firmamento. Ni una luz en toda la noche pero ¿Cómo puedo distinguir el suelo? No lo entiendo…

Si hay luz en la noche, una luz tenue y mortecina que proviene del horizonte, una luz verdosa que recorre este mundo en tinieblas llegando hasta mis ojos para permitirme ver.

Estoy desconcertado, confundido, mareado. Un sonido constante, monótono atrona en mis oídos…

Miro a mí alrededor. Nada. No reconozco este lugar. Tan solo esa hierba teñida de oscuridad por todas partes y el resplandor que proviene del horizonte, justo enfrente de mí.

Un golpe brusco en un costado. Mi cuerpo choca con una pared dura. Abro los ojos. La luz se cuela por un túnel marrón. Hace calor, un calor bochornoso pegado a mi piel. El traqueteo aumenta de intensidad. Intento incorporarme pero un mareo intenso me golpea con fuerza mientras un paño húmedo me obliga a dejar caer la cabeza. Cierro los ojos. El sonido se reduce…

La luz ha aumentado. El resplandor verde lo cubre todo. Miro de nuevo al suelo… una armadura desgastada y llena de agujeros cubre mi cuerpo. En mi mano una espada mellada. No se donde estoy.

A mi alrededor cientos de cuerpos dispersos cubren la llanura de hierba verde. Armaduras, armas, huesos, escudos dispersos por todas partes. Parece un campo de batalla. Giro sobre mi mismo buscando algún punto de referencia pero esa planicie se extiende hasta el infinito. No hay nada, salvo el resplandor verde en uno de los horizontes.

Parado. De pie. Con los restos de una armadura y una espada prácticamente inofensiva espero mientras pierdo la mirada en un horizonte verde claro luminoso. El sonido del traqueteo aumenta paulatinamente hasta que abro los ojos.

La carreta sigue en movimiento. Un movimiento mareante por el mismísimo infierno pues el calor es tan intenso que creo que me derrito poco a poco. Empapado en sudor no puedo ni levantarme. Mis ojos ser cierran poco a poco mientras observan un túnel marrón por el que entra luz y una silueta oscura a mi lado.

El resplandor verdoso aumenta en la llanura muerta. ¿Qué batalla se habrá librado aquí? ¿Qué enemigos se habrán enfrentado? ¿Cuál habrá sido el resultado? ¿Dónde estaré?... Decenas de preguntas se agolpan en mi mente mientras mi mirada se centra en el horizonte.

No puede ser… Espera. Mis ojos se entrecierran para enfocar mejor. Unas sombras interrumpen la luz constante que se desprende del horizonte. Sombras pequeñas a lo largo de mi línea de visión.

Sean quienes sean avanzan rápido, si es que no son bestias. Miro a mí alrededor y todo sigue igual. Armas, huesos y armaduras por todas partes, los restos de una batalla heroica. Las sombras se acercan, avanzan de forma constante, al ritmo de los sonidos que resuenan en mis oídos.

Agua fría se escurre por mi frente humedeciéndome. Las gotas refrescantes resbalan por mi cara creando pequeños riachuelos temporales. El frescor es pasajero, el calor vuelve en pocos segundos.

Las sombras se acercan. Su forma es humana o por lo menos humanoide. Miro a mí alrededor, un escudo de acero sobre unos huesos. Lo recojo y aprieto la espada con fuerza. No se quienes son ni que pretenden, pero son muchos…

Tiene pesadillas y la fiebre no baja, padre.

Las sombras se acercan y sus cuerpos se perfilan. Oscuros y, al mismo tiempo rojizos las figuras humanas avanzan hacia mí. Ahora lo tengo claro. Son ellos. Los demonios que vienen a por mí. Respiro profundamente. Agarro con fuerza las armas.

Los tengo encima, el combate es inevitable. Debí huir cuando eran sólo sombras en el horizonte verdoso, ahora es demasiado tarde. No tengo escapatoria.

Uno de ellos carga contra mí empuñando una espada negra y larga. Se acerca como un aire cálido en una tarde de verano. Alzo el escudo que detiene su golpe y clavo mi espada en su estómago con un ligero giro de pies. El silencio de la noche sin estrellas se interrumpe por el sonido del metal contra el metal. Saco la espada de su cuerpo con rabia y girando sobre mi cuerpo lanzo una estocada lateral a la altura de su cuello. El elemental desaparece convertido en ceniza pero el calor no desaparece.

Otro viene directamente hacia mi con una lanza en sus manos. Un paso a la derecha y esa punta al rojo vivo pasa de largo. El metal de mi escudo golpea su costado y el acero de mi espada se hunde en su cráneo justo por encima del cuello. Un aullido ahogado recorre la planicie mientras las cenizas caen dispersas al suelo. El sudor resbala por mi rostro.

Un tercer combatiente. Intercambiamos golpes indecisos. Golpes que mellan mi entereza. Retrocedo unos pasos mientras mi espada sufre con cada embestida y mis brazos se resienten. Su fuerza es increíble. Pienso que mis brazos se acabaran crebando, rompiendo en mil pedazos…

Un ataque desde la derecha con una sola mano y su cimitarra se desplaza dejando libre el costado, el mismo movimiento hacia el otro lado, su pecho está desprotegido. Rápido y fuerte mi acero se hunde a la altura del corazón. Un grito desconsolado cruza el aire mientras mi tercer enemigo se estira hacia el cielo como si buscara en su oscuridad las estrellas que se han perdido.

Entonces… puso su mano sobre mi hombro derecho y el calor fluyó quemándome. Concentrándose bajo sus dedos. Atravesando la armadura la ropa, la piel. Fundiendo incluso mi alma. Un gritó de dolor desesperado y mis rodillas se hundieron en el suelo.

La espada mellada y vieja se había deshecho en su cuerpo incandescente. Apenas quedaban unos centímetros al rojo. El calor es insoportable. El sudor cae por mi frente mientras todo gira a mí alrededor cada vez más rápido.

El dolor aumentaba y aumentaba mientras mi cuerpo se fundía bajo su mano de fuego.

¡Despierte señor, despierte! ¡Sólo es una pesadilla! ― su voz asustada pero dulce resonaba en mis oídos mientras aquel demonio me quemaba poco a poco.


Estamos llegando a las puertas de Elam, allí podrán curarle. No se preocupe.

Mis ojos se cerraron de nuevo y me desplomé sobre aquella carreta.

Foto sacada de una imagen de Google de una carta de Magic.

2 comentarios:

Friki nivel 21 dijo...

Me gusta como está tomando forma tu historia. Prosigamos el camino a ver hasta donde nos lleva.

Anónimo dijo...

Dices que es una prueba literaria pero no está nada mal. La he leído entera y a ver como sigue :-)

Un saludo.