Perdim-me entre as brêtemas do coraçom e as árvores da razom...

Proyecto Novela Épica (21ª parte)

Asamblea de sabios y gobernantes
 
Acompañados por aquel vigilante cruzamos los pasillos de la enfermería mientras intercambiábamos miradas cómplices. 
La enfermería desembocaba en una muralla exterior que bordeaba la costa protegiendo la ciudad de posibles ataques navales. A un lado el placentero mar, la marea estaba bajando y las pequeñas olas apenas golpeaban las rocas de la base del muro. Al otro lado la actividad en la ciudad era frenética, carretas y carros circulaban por las pocas calles que podía ver a gran velocidad esquivando a las multitudes que las recorrían sin sentido aparente. La ciudad parecía tener mucha prisa.
Durante cinco minutos recorrimos la muralla atravesando los arcos de las puertas de las torres que se encontraban cada treinta pasos. Altas torres circulares con numerosas ventanas y sobre las cuales se podían distinguir artilugios de asedio para la defensa de la ciudad. Al contrario que los enanos, las tierras de Elam no conocían el secreto de la pólvora y si lo conocían no lo dominaban con la suficiente destreza como para armas su ciudad con los cañones que había visto en el norte.
Por la muralla costera llegamos por un costado a la fortificación. Un baluarte en el centro de las defensas costeras. Sobre nosotros se alzaba otro nivel de muralla que encerraba una fortificación en forma de pentágono. Este castillo que estaba situado en un costado del puerto tenía cuatro alturas. La muralla exterior sobre la que nos encontrábamos, una segunda muralla dos veces más alta que bordeaba una estructura sólida en forma de terraza que se levantaba unos tres metros sobre la segunda muralla.
En la plataforma se encontraba una gran plaza de reuniones y un palacio de suaves formas y forma rectangular. Adornado con bellos acabados y de cuyo centro sobresalía una torre que se elevaba hasta el cielo, La torre del vigilante era su nombre. Justo en la base de esa torre se encontraba el salón del trono o como lo llaman ahora, el salón del consejo.
Hacía varias generaciones que Elam no tenía un rey. El título de príncipe seguía conservándose pero en vez de ser éste el encargado de gobernar como rey esta responsabilidad recaía en un consejo de sabio formado por diferentes representantes de las distintas clases sociales.
No entendía porque íbamos allí, lo normal es que la asamblea de la hermandad se reuniera en otro edificio, concretamente en la academia. Una estructura vieja y destartalada donde había pasado algunos meses en el pasado entrenándome para llegar a ser un vigilante.
Atravesamos las puertas de la fortificación. Guardias de azul con brillantes corazas de acero pulido estaban apostados en los pasillos, firmes y estáticos como los chopos en las riveras de los ríos durante un día sin viento.
El paseo por los pasillos, escaleras y habitaciones se me hizo eterno mientras intercambiaba miradas con Dela. Esa chica era preciosa. Su pelo castaño, sus ojos verdes, su cuerpo delgado y firme. Su tacto suave. La dulzura de sus labios… Mientras caminaba detrás de aquel guía improvisado no podía dejar de pensar en ella hasta un punto en el que mirar por donde iba se me hizo una tarea complicada y cada escalón o giro inesperado suponía un reto para mis reflejos y para mi equilibrio.
Finalmente llegamos a una puerta cerrada y custodiada por cuatro guardias. Ante nuestro avance abrieron la puerta y, sin detenernos, entramos en la sala del trono.
El trono estaba vacío pero a su alrededor y en forma de círculo se encontraban unas cuarenta sillas de madera con veinte asistentes. En el centro del círculo el maestre de la hermandad se apoyaba en su báculo para librar temporalmente a sus pies de la carga.
─ Bien, ya estamos todos. ─ dijo mientras Dela se sentaba en una de las sillas vacías, justo a la derecha del gobernante de Elam. ─ Como iba diciendo, no debemos apresurarnos a tomar decisiones, no nos dejemos llevar por el pánico.
En ese momento un hombre de apariencia desaliñada y tosca, con una barba larga y un pelo enredado y grasiento interrumpió al maestro. 
¡Debemos marchar sobre las islas de los elfos azules, allí encontraremos refugio y si esos elfos cobardes no nos acogen por las buenas que el acero les obligue a acogernos por las malas!
Varios asistentes intervinieron al unísono aprobando y desaprobando esta intervención.
─ ¡No podemos atacar a los elfos, eso no tiene sentido! ─ Quizá deberíamos solicitar asilo, enviemos una embajada. ─ ¡Estamos perdiendo el tiempo! ─ ¡Ataquemos! ─ ¡Sólo son unos cuantos orejas picudas!.....
─ Caballeros. Caballeros. ¡Caballeros! No perdamos las formas. ─ El gran maestre intentaba recuperar el orden de la asamblea.
Por lo que podía apreciar había representantes de todos los reinos y regiones que conocía y algunos que no podía localizar geográficamente. Era una asamblea muy extraña, desde antes de la Gran Guerra no se habían reunido líderes de todas las naciones y pueblos. Estaba muy sorprendido.
─ Nuestras murallas son anchas y los brazos que las defienden son fuertes. ─ tomó la palabra el gobernador de Elam. ─ los límites del gran río no han sido atravesados por enemigo alguno en más de novecientos años. Ni orcos, ni trasgos, ni hombres han logrado romper nuestras defensas. Todos nuestros enemigos han perecido frente a esos muros y su sangre ha ido a parar al gran río.
─ Cierto es que nadie ha atravesado las defensas de Elam en tantos años como su señoría nos indica pero no estamos ante un ejército convencional, estas cosas son difíciles de matar, casi imposibles para un hombre sin experiencia en el combate. Ni murallas, ni fosos, torres o bastiones los detienen. Funden el acero y queman la madera. Arrasan con todo a su paso. ¿Durante cuanto tiempo las puertas de Elam se mantendrán cerradas? ─ Fuertes y claras sonaron las palabras del rey de Ur, un hombre joven y fuerte de unos treinta años. Tras su intervención el gobernante de Elam frunció el ceño y los murmullos aumentaron.
─ ¡Debemos luchar enfrentarnos a esos demonios y cortarles la cabeza! ─ dijo un monarca harapiento del norte.
─ He visto como treinta mil lanzas se partían en las llanuras, he visto diez mil jinetes eran derribados y como esos demonios arrasaban mi tierra, mi hogar. No se les puede detener. Debemos huir. ─ por el color verde de su túnica pude reconocer que se trataba de un hombre de Lagash.
─ No sólo tus hombres han sido derrotados, las defensas de Urartu resistieron durante dos míseros días cuando ese fuego descendió de las montañas y atravesó los valles. Estoy de acuerdo con Asgarl, debemos huír a las islas azules quieran sus habitantes o no.
─ Señores de nobles casas y altas fortalezas. Mi pueblo proviene de los bosques del este donde los árboles eran altos como torres y anchos como carros. ─ era la primera vez que intervenía un elfo en la asamblea. Su cuerpo era delgado y liviano, su pelo largo y rubio y su piel clara prácticamente blanca. Al hablar movía los brazos de una forma tan precisa y suave que parecía acariciar el aire. ─ Ya no queda nada. Nuestros arcos y flechas alimentaron su fuego pero nos negamos a atacar a nuestros hermanos del mar y, además las islas azules son pequeñas y carecen de los recursos suficientes para mantenernos a todos con vida, aunque pudiéramos huir a ellas no sobreviviríamos mucho tiempo.

─ El señor elfo tiene razón. Los espíritus de ceniza queman todo a su paso auque pudiéramos huir a las pequeñas islas de los elfos azules no podríamos alimentarnos. Tenemos que tener en cuenta que la ciudad está abarrotada de gente y que incluso el próspero reino de Elam tendrá dificultades para alimentar a tanta gente cuando el invierno llegue. ─ por el color amarillo de su ropaje era un ciudadano de la ciudad estado de Eridú, al oeste del reino de Ur y al norte de Kish.
La discusión se alargó durante una hora hasta que el gran maestre de la hermandad interrumpió de nuevo.
─ Caballeros, tenemos aquí al joven Eneasun, el mensajero que nos ha traído la sabiduría de los enanos. Dejemos que nos cuente todo lo que sepa.
─ Pues… ─ dije titubeando ─ no hay mucho que contar que ya no sepan ustedes. Lo único que en esos textos no viene es la situación de las fuerzas enanas cuando me marché del norte.
─ No creo que haya un solo enano con vida. ─ interrumpió Asgarl, que por lo que podía saber provenía de las frías tierras del norte de Susa.
─ Si me permite majestad. Los enanos estaban perfectamente organizados y contaban con combatientes muy experimentados. Únicamente utilizaban gente con menos experiencia en tareas de apoyo. Machaban al enemigo con artillería y fuego de fusilería y empleaban agua para mojar las zonas bombardeadas para impedir que el fuego se reavivara.
─ Todo eso ya lo sabemos niño. ─ interrumpió nuevamente Asgarl.
─ Deja hablar al chico, casi muere para traernos toda esa información, si no fuera por él aun no sabríamos el origen del mal que nos golpea. ─ contestó uno de los representantes de la ciudad de Susa.
─ Como iba diciendo, los enanos estaban muy bien armados, entrenados y organizados pero por lo que pude oír antes de irme cuando me reuní con el rey Thorak y los maestros de guerra enanos, uno de ellos que parecía escribir la contabilidad en un gran libro informó al resto que de seguir así no podrían resistir mucho tiempo. Creo recordar que uno de los guardias que me escoltaron me comentó algo acerca de dinamitar toda una montaña del valle para cerrar un paso por el que los elementales se estaban escapando del cerco.
─ Todo fuego se acaba extinguiendo si no se le echa leña. Yo digo que esperemos detrás de las murallas hasta que se apague. ─ Un caballero de Ur.
─ Los muros de Elam no resistirán eternamente. Yo los he visto. He estado en las murallas de río. He contemplado como esas cosas construyen artefactos negros como el carbón y los utilizan para lanzar grandes bolas de fuego sobre nuestras almenas. Los hombres arden y la piedra se rompe con su fuerza pero… eso no es lo peor… del fuego nacen criaturas de fuego que siembran el caos y el terror. No resistirán eternamente. ─ intervenía otro elfo esta vez del bosque de Elos.
─ ¡Estamos perdidos! No hay esperanza.
─ Una vieja historia cuenta que un barco que huyó de Numenor llegó a estas costas con los supervivientes de una gran inundación. Nuestros antepasados eran grandes marinos y cuenta esa leyenda que muchos barcos partieron de aquella extraña tierra pero que sólo uno llegó aquí. Los fundadores de Elam Quizá esos barcos encontraron otras tierras al oeste, fuera de los límites explorados.
─ ¿Vas a jugarte todo basándote en una leyenda? ¿Esa es la decisión del gobernante de Elam? Las gentes de Urartu no morirán en el mar como cobardes preferirán hacerlo en las llanuras combatiendo como hombres.
La asamblea se prolongó durante dos horas mas mientras todos aquellos sabios, gobernantes y reyes discutían sobre que hacer. Al acabar, el gran maestre me hizo acompañarlo a la torre del palacio. Allí cogimos un ascensor de poleas que nos llevó hasta la cima de la torre.
Podía ver toda la ciudad y la llanura que se extendía más allá de los límites de la muralla, atravesar esa extensión de tierra hasta el río y más allá hasta el horizonte de montañas blancas por el naciente invierno. El paisaje era precioso hasta que te topabas con una franja negra de tierra quemada al otro lado del río grande y un humo denso y negro que el viento alejaba hacia el interior del continente que te impedía ver más allá de las montañas.
─ Jovencito, desde aquí puedes ver todo el reino de Elam y sus fronteras. El enemigo nos amenaza desde ellas y no sabemos durante cuanto tiempo van a resistir nuestras murallas. Los reyes y gobernantes de todas las tierras arrasadas nunca se pondrán de acuerdo y lo más seguro es que huyan por el mar en busca de cualquier tierra.
─ ¿Qué vamos a hacer maestro?
─ Los vigilantes estamos agotados, nuestra sangre está dispersa por la tierra y apenas somos unos cientos, o muy jóvenes o muy viejos. La mayoría de los experimentados ya han caído intentando para esta marea de fuego. Mira, a lo lejos podrás ver tres torres, son las tres puertas de Elam. En sus cimas se encuentran grandes hogueras que se encenderán si la fortaleza se encuentra en problemas o va a caer. Normalmente se le enviarían refuerzos desde aquí, pero si una de esas tres hogueras se enciende no habrá esperanzada para todos los hombres, mujeres y niños que se esconden dentro de estos muros.
─ ¿Y el mar? ─ el sol se ocultaba en el oeste lentamente.
─ El mar, si… los esfuerzos se centran en conseguir provisiones y construir y reparar navíos para evacuar a la mayor cantidad de gente pero esa no es nuestra misión. Nosotros debemos mantener el equilibrio.
─ ¿Pero…?
─ Lo se… Eneasun, lo se. No sabes como ni yo tampoco. Las respuestas vendrán cuando sean realmente necesarias. Por lo de pronto debes descansar, llevas tres días tumbado en la enfermería con mucha fiebre. Las puertas de Elam resistirán una noche más. Duerme, mañana temprano, cuando salga el sol, ven a la academia, tengo trabajo para ti.
─ Si… maestro.
─ Una cosa más. Tu corazón es joven, no temas por Dela.
─ ¿Pero como…?
─ Lo se, uno sabe más por viejo de lo que puede aprender entre las hojas polvorientas de los libros. No te preocupes, Dela estará bien, me preocupa más nuestro destino…
El sol se ocultaba bajo las aguas del océano. La oscuridad se aliaba con el fuego mientras las puertas de Elam resistían su calor. Yo dormía ante la atenta mirada de las estrellas con un único pensamiento en mi mente. Dela.

3 comentarios:

Friki nivel 21 dijo...

¿Numenor? Ahora vas y lo explicas Luis

L. Celeiro dijo...

Pues a ver... Como bien sabrás debido a tu gran nivel de frikismo, tras el hundimiento de Numenos aquellos hombres fieles a las creencias y a las tradiciones que respetaban a los dioses y que fueron avisados por estos huyeron hacie el este en sus barcos. Algunos de esos barcos se hundieron, otros se perdieron y unos pocos llegaron a las costas de la Tierra Media donde fundaron Gondor y Arnor.

Pues bien, mi historia es paralela a la historia de esas tierras. Uno de los barcos numeroianos fue desviado por las aguas y el viento hacie el sur y pasando de largo de la tierra media desenbarcó en lo que en mi narración se conoce como Elam. Numenor es sólo una leyenda antigua (no sabes cuantos años o edades han pasado desde aquel acontecimiento)

Por lo demás y para ahorrar preguntas decirte que los nombres de los reinos y ciudades o son inventados por mi (Elos) o son sacados de la historia antigua, concretamente de la región que conocemos como Mesopotamia (Kish, Ur, Lagash...) me parece una buena ambientación y son nombres poco o nada conocidos.

Friki nivel 21 dijo...

Te has librado pero a ver si nos dejamos de Delas y llegamos a la guerra que te nos pierdes.