Perdim-me entre as brêtemas do coraçom e as árvores da razom...

Luces y sombras

Volvía a casa una noche demasiado fría para el principio del otoño, quizá se pareciera más a una mañana nublada de invierno.

Sobre el valle, a mis pies, se extendía un techo de nubes bajas que se alargaba como un balcón desde las lejanas montañas.

Desde el valle cualquiera habría dicho que se trataba de una espesa niebla pero desde yo me encontraba podía ver sobre esa capa de nubes entrecruzadas un cielo totalmente despejado y sin estrellas donde se alzaba una luna llena enorme y brillante como no había visto en mi vida.

Las luz dorada de aquella luna himnóptica se reflejaban en las nubes provocando un aura etérea que cubría el valle ilumandolo por completo. El ambiente era mágico, casi divino.

En aquel lugar hasta el más escéptico de loa hombres se habría acongojado ante el relato de la leyenda más inverosímil de nuestra rica mitología. Y yo, tras varios minutos observando aquel día nocturno y la absorbente luna habría jurado, sin tener una copa en la mano y alguna que otra en la barriga, que por un solo instante, el suspiro de un viento ausente, que mis ojos no me engañaron y que la silueta alargada de una serpiente alada cruzaba el valle entre las nubes.

Quizá fuera la luz de la luna reflejándose en una nube escurridiza. Quizá el eco distante del aullido de un viejo lobo solitario. O simplemente la soledad en el camino que acongoja el alma y hace despegar la imaginación del espíritu.

0 comentarios: